
El análisis del empate del Celta contra el Málaga: nuevas soluciones traen nuevos problemas
El fútbol no es más que solucionar los problemas que te propone el rival, al que debes ser capaz de dañar con las dificultades que le plantees en cada ocasión. A veces, sucede que los acertijos a descifrar llegan desde ti mismo. Y el Celta pudo ayer resolver ante el Málaga en Balaídos algunos que se le venían resistiendo en este inicio de temporada. El de la presión alta fue uno de ellos. Sobre todo, en una primera parte en la que los célticos lograron varios robos en campo contrario y obligaron a los malacitanos al juego directo. El cuadro vigués también deshizo el entuerto de la creación de ocasiones . Hasta 18 veces chutaron los locales . Pero de esta nueva resolución llegó un novedoso contratiempo en forma de falta de puntería de cara a la portería rival. El Celta perdonó. El Celta lo pagó. Presión contra las dudas No empezó con demasiadas certezas en su juego en el Celta. Sin saber si ir o quedarse. Sin saber si dar o recibir. Sin saber si buscar o esperar. El Málaga aprovechó el río revuelto para intentar pescar. No lo hizo y, de repente, el agua se tornó más clara. Se tornó celeste. Todo a partir del tan reclamado press alto, que empezó a fluir como un arroyo hasta convertirse en torrente. Cada vez más agresivo, cada vez más ajustado, cada vez con más réditos. Varios robos en campo contrario permitieron a los locales atacar más. Y mejor. El ciclo sin fin Esto pasa porque es imposible desligar la defensa del ataque. El fútbol es un todo. Un ciclo de cuatro tiempos que nunca para de girar. A partir de esos robos altos, el Celta se instaló más tiempo en campo contrario y acumuló más pases. Eso permitía tener más futbolistas cerca del balón que, por tanto, facilitaban una presión efectiva tras cada pérdida. Cuestión de finura Está insistiendo mucho Claudio en que hace falta más agresividad con balón en el último tercio del campo. La fase 3 del ataque céltico adoleció varias veces de osadía y otras de precisión. Buenas situaciones malogradas por un mal penúltimo pase o un desmarque precipitado saldado con fuera de juego. Como esto también es un ciclo, los errores provocan más conservadurismo en los atacantes. Y vuelta a empezar. El factor inmortal Son líneas y líneas las que se pueden escribir sobre lo que sucede en el campo a nivel táctico. Pero hay un factor imperecedero. Perenne desde que el fútbol es fútbol e inmortal mientras lo siga siendo. Y es que este juego fue, es y será de los futbolistas. El acierto o desacierto individual es imposible de prever o de controlar. Por eso, una conducción de Jutglà en la que teóricamente hizo mal en no dar continuidad hacia Hugo, terminó en un recorte y un latigazo abajo que desnivelaba el marcador. El premio sagrado desde una toma de decisión equivocada según el manual. Afortunadamente, el fútbol tiene estas benditas insurrecciones ante el libreto. La propia mejora trae el debe Le había costado al Celta generar ocasiones de gol en este arranque de curso. Ayer solventó la dificultad de raíz con su mejor fútbol del curso y con numerosas situaciones para ampliar el marcador. Pero esa solución aparejó un nuevo problema. La pólvora celeste estaba mojada y ni el sol abrasador la secó. Demasiada indulgencia. Y en fútbol ya se sabe lo que pasa cuando perdonas. Hora de pagar Con los fallos y los minutos, los de celeste recordaron que aún no habían ganado. A medida que el final se acercaba, el conservadurismo aumentaba. Y en medio de ese proceso de contención, el Málaga encontró un córner merced a un tiro lejanísimo desviado por Radu. En el saque de esquina posterior, llegó el gol de Adrián Niño y el premio al movimiento de Funes de atacar con doble punta a costa de dejar muchos espacios atrás, que los de Claudio no supieron aprovechar. Perro flaco La recaída de Borja Iglesias fue el primer paso de una concatenación de desgracias en el ataque celeste. Jutglà se vació y acabó tieso entre su esfuerzo y la temperatura. Y con más minutos de los necesarios sobre el césped. No quedó otra porque su cambio natural, Pablo Durán, quedó fuera de combate por un golpe de calor. Además, Aspas entró y en su primer golpeo sufrió un pinchazo en el cuádriceps. Problemas para lo que viene. Al menos, Burcio se estrenó con buenas sensaciones. No todo iban a ser pulgas.








