El Oviedo se desata en Zorrilla: goleada (0-3) para seguir creciendo
Se echaba en falta la pegada y apareció. Se pedía más a balón parado y llegaron los frutos. Se desconfiaba de las bajas y el Oviedo se comportó como un equipo. Valladolid como punto de inflexión , como partido al que agarrarse para confiar en el despegue definitivo de este Oviedo de Calero que había acumulado más méritos que puntos, pero que obtuvo por fin la tarde que perseguía: una jornada redonda . Por el resultado, 0-3 , por el juego, notable por momentos, por lo que significa en la tabla… Pero, sobre todo, por el mensaje que deja: da igual las dificultades -esta vez las lesiones-, este Oviedo está para pelear con todas sus armas. Usó la guía de supervivencia Calero para mostrar un sistema parecido al de siempre, aunque con matices. Con Youness más posicional, como ancla, y por delante una nube de jugadores con la misión de moverse con libertad. Aunque sí que sorprendió ver a Reina ubicado en la derecha y Pablo Sáenz cerrando en la izquierda. Esta vez, el sacrificado fue Jacobo , además de un Samu al que relevó Cruz en el lateral zurdo. Con el calor como condicionante, fútbol rondando los 30 grados, Valladolid y Oviedo entraron en el partido sin urgencias. Emplearon cerca de un cuarto de hora en conocerse, jugando bajo la política del riesgo mínimo. A los 15’ algo se aceleró. Calvo frenó una intentona local ya en el área y los azules montaron su primera contra. Isfan manejó el cuerpo para ganar la disputa, encaró algo escorado a Aceves y trató de superarlo con un buen zurdazo que solo la manopla de Aceves evitó que se convirtiera en el primer gol. Fue poco después Sáenz el que exploró la izquierda para finalizar con un chut alto. Y tras otra acción de Aisar , mostró el Oviedo sus cartas a balón parado. Centró con mimo Goti y entre Youness y la defensa impulsaron la pelota camino a gol, pero las piernas de Aceves se pusieron entre medias. De ahí surgió un córner con premio. El Valladolid no despejó, su portero fue tibio a la pugna con Youness (pidió una falta que no era) y el rechace le vino de perlas a Carlos Domínguez para estrenar su cuenta anotadora con la camiseta del Oviedo . De forma embarullada, sin brillantez en la pizarra, pero por Calero sacando rédito del balón parado. Lejos de reforzar la moral del grupo, el gol dio paso a los minutos de mayor acoso del Valladolid con un par de faltas cerradas que la defensa neutralizó. La pausa de hidratación le dio a los de Calero una bendita tregua. A la vuelta, curvas. Los últimos minutos del primer acto mostraron un partido totalmente diferente. Roto, con ambos equipos exhaustos por el calor, surgieron acciones inverosímiles, una detrás de otra. Primero, Sáenz intentando sorprender desde el medio del campo. Luego, con Domínguez tirando un desmarque para citarse ante el meta pucelano, aunque sin fuelle al final. A continuación, Isfan iniciando una contra con un recorte magistral y pifiándola después con un pase errado que parecía sencillísimo. Y para terminar, una acción brillante de Calvo en defensa que quitó de la cabeza el empate a Van Duiven . La suma de llegadas en este alocado final sonreía más al Oviedo pero, sin embargo, la sensación era que a los de Calero no le interesaba un intercambio así, sino que le vendría mejor que las cosas se serenaran. Introdujo Calero al descanso a Enzo en lo que parecía un brindis a desactivar el descontrol. Lo que ayudó sobre manera fue la acción, otra vez consecuencia de un balón parado , que sirvió al Oviedo para volver a marcar. En esta ocasión le tocó al otro central, Dani Calvo , que se cruzó con un rechace tras una falta lateral, controló y le pegó de volea, seca, abajo, donde Aceves no podía alcanzar ni con 2 tallas más de guante. Y ahí se desató la fiesta. En medio de los cánticos recordando la proximidad del derbi , Enzo conectó con Sáenz y este manejó el balón como un dron dirigido directamente a la escuadra. A los 56 minutos de partido, a los 9 de volver de vestuarios, el Oviedo había finiquitado la visita a Pucela . Había sentenciado la faena el equipo de Calero tirando de lo que más se echaba en falta, pegada . Sirva esta experiencia para constatar que el equipo tiene pólvora, algo que siempre ha defendido el técnico, por cierto. La victoria, cerrada con ese tercer bofetón a un Valladolid apático, sirve para acabar con algunas dudas que podían crearse y refrendar el trabajo. Porque de ahí -zurdazo de Sáenz - al final no hubo mucho que contar. Los treintaypico minutos restantes mostraron dos equipos conformes, resultará doloroso para el aficionado pucelano, aunque al menos permitió ver que el desparpajo de Enzo va en aumento y que Dieguito también puede tener sus momentos. No quiso el Oviedo hacer sangre y no le dio al Valladolid para ni al menos protestar. Cerró el equipo azul un triunfo con efectos revitalizantes. Sobre todo por cómo llega: en la semana de más bajas, respuesta con brío. El Oviedo de Calero empieza a mirar hacia arriba. Ya le tocaba.
Sport13 sept