De 15 a 400 euros en segundos: así funciona el negocio de los ‘tiktokers’ con las firmas del Barça
Hubo un tiempo en el que esperar a las puertas de la Ciutat Esportiva era simplemente una cuestión de ilusión. Grupos muy reducidos de aficionados se acercaban a Sant Joan Despí para intentar conocer a sus ídolos, conseguir una fotografía o intercambiar unas palabras con ellos durante, literalmente, el tiempo que tarda el semáforo en pasar de rojo a verde . La pandemia y, sobre todo, la expansión de TikTok cambiaron el escenario. Los vídeos empezaron a tener cada vez más repercusión y algunos jóvenes descubrieron que detrás de aquellos autógrafos también existía una oportunidad de negocio. Lo que inicialmente hacían cuatro o cinco aficionados comenzó a atraer a decenas de personas. La mecánica es relativamente sencilla. Compran camisetas, las estampan con el nombre y dorsal de un futbolista y esperan su salida de la Ciutat Esportiva. Si consiguen que baje la ventanilla y firme, una camiseta que apenas unos minutos antes tenía un valor reducido puede venderse por varios cientos de euros a clientes extranjeros que difícilmente tienen la posibilidad de viajar hasta Barcelona. Al principio, muchos futbolistas desconocían el negocio que empezaba a generarse alrededor de sus autógrafos y paraban con frecuencia. Con el tiempo, el boca a boca dentro del vestuario hizo que prácticamente todos entendieran que muchas de aquellas camisetas no acabarían colgadas en la habitación de un adolescente. No solo están en la Ciutat Esportiva La enorme concentración de jóvenes en Sant Joan Despí provocó que algunos ampliasen su radio de acción. Botafumeiro, Leña, Meliá Torre Melina o el actual Grand Hyatt Barcelona son algunos de los establecimientos frecuentados por futbolistas donde también se ha podido ver a jóvenes esperando una oportunidad. Y detrás de todo ello existe bastante más trabajo del que podría parecer. Algunos cuentan con contactos y fuentes en aeropuertos, hoteles o restaurantes que les permiten conocer determinados movimientos y anticiparse a la presencia de los jugadores. El volumen que puede alcanzar este negocio se entiende especialmente bien con algunos ejemplos. Una camiseta firmada por Leo Messi puede llegar a venderse por alrededor de 1.200 euros. SPORT ha tenido acceso al caso de un joven que, durante una de las últimas visitas del argentino a Barcelona, consiguió localizarlo en el aparcamiento del Grand Hyatt cuando Messi salía a cenar. Allí logró que le firmara tres camisetas. La escena apenas duró cinco segundos. Tres firmas y un valor potencial de 3.600 euros. Un ejemplo extremo, pero muy gráfico, de hasta qué punto un simple autógrafo puede transformar el valor de una camiseta en cuestión de segundos. La importancia de documentar el momento El negocio se ha profesionalizado hasta extremos sorprendentes. Algunos de estos jóvenes tienen clientes fidelizados en China y otros países asiáticos y consiguen réplicas de gran calidad, con escudos y parches de Champions, por unos 13 euros , a los que añaden aproximadamente dos euros por la estampación y una cantidad mínima por el envío. La diferencia la pone el rotulador. Una camiseta de unos 15 euros puede alcanzar fácilmente los 300 o 400 euros si lleva la firma de un futbolista como Lewandowski . En cuestión de segundos puede multiplicar su valor por más de 26. Pero existe un problema fundamental: demostrar que el autógrafo es auténtico. Con una firma relativamente sencilla de imitar, el comprador quiere pruebas. Por eso prácticamente todo se graba. Algunos utilizan el teléfono y otros han dado un paso más incorporando dispositivos como las Ray-Ban Meta , que permiten registrar el momento desde su propia perspectiva mientras el jugador firma. El vídeo se convierte así en una especie de certificado para el comprador. Ahí está el futbolista, ahí está la camiseta y ahí queda registrado el momento exacto de la firma. Los jugadores, evidentemente, también han aprendido cómo funciona el negocio. Y algunos han desarrollado su propia fórmula para poner a prueba al tiktoker . Antes de estampar la firma llega una pregunta aparentemente inocente: “¿Cómo te llamas?” . La pregunta tiene bastante más intención de lo que parece. El futbolista sabe que una camiseta dedicada pierde buena parte de su valor de reventa y que muchos de los jóvenes que esperan fuera no saben todavía quién terminará comprándola . Pero los tiktokers también han aprendido. Cuando ven que la valla está a punto de abrirse y saben que va a salir un futbolista, algunos revisan rápidamente en el teléfono la lista de clientes que tienen esperando camisetas . Muchos son compradores asiáticos. Así, si aparece uno de esos jugadores que acostumbra a preguntar el nombre antes de firmar, ya tienen preparada la respuesta. La escena tiene incluso su punto de picaresca. Un joven que se llama Mohamed, Carlos o Alejandro puede responder de repente que se llama Hao , porque ese es realmente el nombre de uno de sus clientes en China. Si el futbolista pica, la camiseta queda dedicada precisamente a un potencial comprador y el problema está resuelto. Aunque no siempre cuela. La mayoría de los jóvenes que frecuentan la Ciutat Esportiva son españoles o marroquíes y algunos futbolistas ya miran con cierta incredulidad cuando, rotulador en mano, descubren que aquel chico al que llevan meses viendo a la salida resulta que ese día se llama Hao . El Barça ya toma medidas La situación tampoco ha pasado desapercibida para el club. Los alrededores de la Ciutat Esportiva se han convertido prácticamente en una pequeña atracción turística. Allí coinciden los habituales buscadores de firmas con aficionados que simplemente están de vacaciones en Barcelona y quieren ver de cerca a sus ídolos. En determinadas jornadas pueden concentrarse 30 o 40 personas en una misma salida . Y no todos los futbolistas tienen tiempo para detenerse. No parar, además, puede generar una imagen de poca cercanía cuando detrás simplemente puede existir una obligación personal, una cita o las prisas normales de cualquier día. El Barça ha incorporado tecnología para gestionar mejor estas situaciones. El club utiliza un dron para controlar las tres salidas utilizadas habitualmente: la principal, la trasera y la zona por la que salen futbolistas del Barça Atlètic y del femenino. Mediante inteligencia artificial, el sistema calcula el número de personas concentradas en cada punto y la seguridad del club puede comunicar a los jugadores cuál es la salida menos concurrida. De esta manera, cuando un futbolista tiene prisa o simplemente no quiere encontrarse con varias decenas de personas esperando su coche, puede abandonar las instalaciones por la puerta con menor concentración de aficionados . Todo forma parte de una realidad que ya se ha integrado en la rutina de Sant Joan Despí. Los futbolistas conocen a muchos de los jóvenes que esperan habitualmente fuera e incluso algunos intercambian de vez en cuando mensajes con ellos . Después de tantas horas compartiendo unos metros de carretera, las caras terminan resultando familiares. ¿Son avispados? Sí. ¿Se ganan su dinero? También. Pero detrás de cada camiseta hay horas de espera, contactos, carreras de una puerta a otra y bastantes tardes en las que el futbolista pasa de largo. Porque el negocio puede parecer sencillo cuando una firma convierte 15 euros en 400. Lo difícil sigue siendo conseguir que esa ventanilla se baje.
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