Coreografía ganadora: el CD Tenerife supera en todo al Leganés y logra su tercer triunfo
Otra muestra de madurez. La confirmación de que el Tenerife ha regresado a Segunda División con argumentos para competir contra cualquiera, para derrotar al rival que sea. Esta vez, a un Leganés sin derrotas y con solo un gol en contra hasta su paso por el Heliodoro Rodríguez López. El Leganés de Morata. Tiene tanto valor el fondo como las formas. Lo que cuenta es sumar tres puntos más, pero para el tinerfeñismo es una tranquilidad ver cómo se consiguen. En Eibar, ante el Almería en casa, ahora frente al Leganés. Esa ejecución de una coreografía ganadora dirigida por Álvaro Cervera. Llevando la comparación a un combate de boxeo, por poner un ejemplo, el partido comenzó como la pugna entre dos pesos pesados. Energía e intenciones pero ni la menor concesión. Todo concentrado en poco espacio, una coreografía cargada de tensión y con la sospecha de que cualquier mano suelta podía ser demoledora. En ese baile de contacto, fue el Leganés el que avisó primero demostrando que iba necesitar poco para meter a su oponente en problemas. Le bastó con un balón avanzado por el costado izquierdo, defendido por César, un pase de Álex Sancris al área y la frente de Álvaro Morata para peinar. Fuera por poco. Hasta ese momento, el minuto 10, los dos equipos habían estado más pendientes de no cometer errores que de arriesgar. Ya habría tiempo para eso. Porque el Tenerife tenía su plan y lo fue desarrollando poco a poco. ¿Qué plan? Nada nuevo. Cervera es de esos entrenadores que quieren que sus jugadores hagan dos o tres cosas y que las hagan bien -es lo que dice él mismo-. En resumidas cuentas, los blanquiazules esperaron el momento adecuado, sin prisas y sin pausas, para adelantar la presión y ahogar la salida del Leganés. Al acecho de su presa. Todo con tal de recuperar la pelota cerca del área contraria y hacer el resto, acortando los procedimientos, pillando al contrario desprevenido. Y como si esa manera de proceder hubiera estado programada, ese paso adelante llegó al borde del cuarto de hora. Como resultado, un primer remate a puerta en el minuto 18, ejecutado por Nacho desde a frontal del área, fácil para Luca Zidane. Peor lo tuvo el hijo de Zinedine en el 24'. Le tocó enfrentarse a Enric Gallego en un penalti. Al de Bon Pastor no le temblaron las piernas. Para nada. Puro oficio con los 40 años recién cumplidos. Golpeo sutil a la izquierda del portero, que se tambaleó y no llegó a lanzarse. Había sido una pena máxima señalada por el árbitro con el uso del VAR. Cuadra Fernández había avisado a su compañero por una aparente falta de Zico a Gallego, protestada por el delantero pero inadvertida por Morales Moreno. El colegiado andaluz se acercó al monitor y no lo dudó. Brazo estirado para señalar el punto fatídico y jolgorio en la grada. Con el 1-0, el encuentro entró en otro plano. Una película que ya habría visualizado antes Cervera. Una de tantas. A su manera, el Tenerife reforzó su teoría del triunfo y obligó al Leganés a vivir al borde del error. Y en una de esas, Víctor Moreno estuvo a un pelo de fabricar el 2-0. Controló cerca del área, se giró y, como si ya hubiera vivido esa jugada más veces, colgó el balón al palo más alejado, fuera del alcance de Luca, para que Gallego lo empujara a la red. La pega estuvo en la posición de Enric. El asistente levantó la bandera y el gol no valió. Sin discusión. Pero lo interesante estaba siendo la dinámica. El Tenerife había dado con la tecla. Más presión adelantada y otra pérdida del Leganés en una zona comprometida. Esta vez para que Fabricio conectara un chut raso que se estampó en la valla de publicidad pasando a un palmo del poste. Por lo que reflejaba el marcador y por la evolución del juego, el Tenerife estaba siendo superior. Y no es que el Leganés se hubiera rendido, pero no era capaz de pegar los trozos de una fractura provocada por su oponente. Antes del descanso sí fue capaz de recordar que, cuando sale de las trincheras, tiene filo. Con Morata, cómo no. Lo hizo con un remate de Gharbi a las manos de Dani Martín tras una dejada del campeón de Europa con la selección española. Rubén Albés aprovechó la ventana del intermedio para aplicar soluciones. En concreto, ordenó el cambio de Dani Rodríguez por Álex Sancris. Eso y la firme voluntad de sus futbolistas de hacer algo más. Lo anterior no estaba siendo suficiente. De entrada, los madrileños volvieron a escena llevando la iniciativa. Un desliz podía costar caro. Lo tuvo César con una pérdida que desencadenó una ofensiva finalizada por Morata con un remate alto (49'). Respondió Nacho Gil para que el partido no se jugara en una única dirección. El valenciano reactivó a Luca Zidane con un golpeo cruzado sin consecuencias para el Leganés. Y la corriente siguió ese mismo curso. Una muestra de fortaleza. El Tenerife continuó subido a la ola para recuperar un control -si es que lo había perdido- levantado desde el orden y la solidaridad en el esfuerzo, desde el rigor táctico. La coreografía ganadora. Con eso le daba para asustar al Leganés, para que el balón rodara lejos de Dani Martín. Una cosa llevaba a la otra. Nacho Gil subió los decibelios en la grada con un centro chut y Dani Fernández cogió el relevo con una volea alta (61' y 62'). Al rato fue Víctor Moreno el encargado de cerrar un contragolpe (68') sin sobresaltos para Zidane. En definitiva, parecía estar más cerca el 2-0 que el 1-1. Para echar una mano desde el banquillo, Cervera decidió refrescar la banda derecha. Quitó a Dani y puso al debutante Gerard Valentín. El gerundense dejó su sello con una asistencia a Enric Gallego en el minuto 74. Un regalo para el capitán. Un gol con suspense por la necesaria confirmación de la tecnología. No hubo fuera de juego, subió el 2-0. En plena fiesta, otro aliciente, el estreno de Christian Gomis. Ovación a Gallego en el momento de la sustitución. El Leganés no quiso entregarse tan fácilmente. Echó el resto, con más corazón que fe, para seguir enchufado al partido. Rubén Pulido y Marvel probaron suerte, sin éxito. Pero el Tenerife también se sentía cómodo en ese modo protector. Era cuestión de que pasara el tiempo. La victoria, merecida, no se iba a escapar. Y ahora, otro reto, la visita al líder, el Castellón, a tres puntos de distancia.
Sport13 sept