Jorge Jesuspágina 2

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Jesús, camarero: "Me he tenido que meter en peleas después de diez horas trabajando. He acabado pálido"

Un perfil especialmente conocido en redes sociales es el del usuario @soycamarero . Tanto en Twitter como en TikTok, esta cuenta suele compartir rifirrafes entre clientes y trabajadores del sector de la hostelería, así como algunas reclamaciones de empleados de este mismo ámbito, que a menudo se enfrentan a situaciones injustas por sus condiciones laborales .

Mundo DeportivoMundo DeportivoVíctor Márquez Caparrós16 sept
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'La Perla', 'Mi Gran Amor' y 'Humano' optarán al Latin Grammy a mejor canción

Los Ángeles, 16 sep (EFE).- 'La Perla', de la española Rosalía; 'Mi Gran Amor', interpretada por los mexicoestadounidenses Becky G y Carlos Santana; 'Humano', de Juanes y Vivir Quintana, y 'Femme Fatale', de Mon Laferte, se encuentran entre las candidatas al Latin Grammy a mejor canción. Le siguen 'Coleccionando Heridas', de Karol G junto a Marco Antonio Solís; '¿Cómo Se Ama?', de Jorge Drexler, 'Dime', de Silvana Estada, 'Hasta Jesús Tuvo Un Mal Día', del dúo argentino CA7RIEL & Paco Amoroso con Sting, y 'Solifican12', de Milo J. EFE (foto)(video)

InfobaeInfobaeNewsroom Infobae16 sept

Aaron Mayol: contrato y cláusulas con el Valencia CF

La cantera del Valencia CF sigue mostrando un gran estado de salud. Son muchos los jugadores que en los últimos años han llegado al primer equipo tras pasar por diferentes categorías de la Academia y no hay más que ver el éxito de piezas clave como Diego López, Javi Guerra, Jesús o Tárrega. También de otros que se marcharon en los últimos tiempos como Mosquera, Yarek o Fran Pérez. Uno de los siguientes puede ser Aaron Mayol , mediocentro de 18 años recién cumplidos que quema etapas a toda velocidad y ya ha debutado con el primer equipo en partido oficial. ¡Y qué partido! Tal y como publicamos en mayo, jugador y club habían llegado a un acuerdo para firmar un nuevo contrato que les vinculaba hasta el 30 de junio de 2029, aunque se modifica en caso de hacerle ficha con el primer equipo. En estos momentos, en cualquier caso, el club puede simplemente ampliar la duración de manera unilateral. El jugador tiene sólo 18 años , pero su irrupción en la victoria contra el Alavés puede llamar la atención de otros clubes. Aunque el Valencia CF tiene la sartén por el mango, si tanto Óscar Sánchez como el próximo entrenador siguen contando con él, la cláusula de 15 millones podría incluso quedarse corta. Futuro contrato de Aaron Mayol con el Valencia CF Tiene ficha del Valencia Mestalla, pero el primer equipo tiene dos fichas libres en este momento, aunque una de ellas podría ser para tratar de incorporar a un jugador libre. La otra, quizá termine siendo de Mayol. En caso de confirmarse, su sueldo ascendería acorde a su nueva realidad, pero también duplicaría de manera automática su cláusula, alcanzando los 30 millones . Sin duda, una de las primeras tareas que tendrá que abordar el recién llegado Braulio Vázquez.

SportSport16 sept

Jesús Ela reemplaza a Manguelo en un corto aviso de 4 días en Guanches Warriors Championship: «No dudé»

A problemas, soluciones. Jesús 'Elliot' Ela (4-1) reemplaza a Miguel Navarro 'Manguelo ' con un corto aviso de cuatro días y se medirá a Ángel Amaya (4-1) en el combate coestelar de Guanches Warriors Championship. El evento, que tendrá lugar el próximo sábado en Arrecife (Lanzarote), servirá como pistoletazo de salida a la promotora dirigida por Hecher Sosa . Manguelo, que iba a pelear en primer instancia contra Amaya, se caía de la pelea el pasado lunes debido a una lesión en la espalda . Ante eso, la promotora ha actuado en consecuencia intentando buscarle un rival al venezolano y lo ha encontrado. Jesús Ela ha aceptado el corto aviso de cuatro días y se medirá el próximo 19 de septiembre a 'El Lobo', como se le conoce en la jaula al nacido en Venezuela. Con ello, Elliot ha demostrado el tipo de peleador que es: «⁠ Por supuesto que no dudé en aceptar esa pelea », comentaba a ABC. Además, Ela ha recalcado que no solo no se ha pensado el aceptar el pleito contra Amaya, sino que no preguntó ni siquiera quién era el rival: «Somos peleadores y peleamos», decía. Una actitud digna de un guerrero que sí cumple eso de: cuándo, dónde y contra quién sea. Elliot entrena, según él, en el «mejor gimnasio de España», el The Black Panther Team . Algo que le ha hecho medirse día tras día a los mejores peleadores del panorama. Un estanque lleno de tiburones que ha preparado a cada miembro del TBP para levantar la mano y competir cuando sea. «Siempre quiero entrar dentro de la jaula», aseguraba el peleador. Ela ha salvado así el combate coestelar del evento de la promotora de Hecher Sosa y regresará al octágono el próximo sábado casi un año después de su último pleito en WAR 7 donde noqueó en el segundo asalto al español Adrián Gálvez. El evento estará estelarizado por el combate entre Theo Bashford (8-1) y Samuel Cassimiro (6-3) en un enfrentamiento que puede acercar al canario a la oportunidad en el Dana White Contender Series . Además, la cartelera se encuentra repleta de talento local como el de Sebas Santana, Jean Pierre o David Santana y la vuelta a la acción de la campeona del mundo IMMAF, Isabel Calvo. El Palacio de Deportes de Arrecife presenciará el debut de la compañía de Hecher Sosa.

ABCABC(abc)16 sept

Matanza en Isla Cristina: sicarios en moto contra la suegra, la mujer embarazada y el bebé que no se salvó del narco Jesús 'el Negro'

Desde hace dos años, dos familias de Huelva, los Salazar y los Moriña, se han declarado la muerte. En agosto pasado, tres miembros del clan Salazar murieron a tiros en Isla Cristina, donde vivían en destierro. Era la familia de 'el Negro', que se enteró desde prisión por traficar con más de 1.000 kg. de hachís. La semana pasada, un Moriña, hermano del primero de los muertos de esta 'guerra', ha ingresado en la cárcel, acusado de vengar su asesinato Leer

El MundoEl MundoAndros Lozano14 sept
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México y Portugal estrechan sus lazos futbolísticos

Lisboa, 14 sep (EFE).- México y Portugal han estrechado sus lazos futbolísticos, algo que se constata con la llegada de jugadores como Santi Giménez o Pato Salas a la Liga portuguesa, la inauguración de una escuela de fútbol en suelo mexicano o la inversión azteca en un club histórico luso. Giménez ha sido uno de los principales fichajes de esta temporada del campeón Oporto, al que llega procedente del Milan en calidad de cedido -con la posibilidad de que su traspaso se haga definitivo- y con el objetivo de relanzar su carrera tras un periodo en Italia lastrado por las lesiones. El internacional mexicano, nacido en Argentina, está disfrutando de minutos de juego con los 'dragones' para recuperar su forma física y el pasado sábado marcó de penalti el último gol frente al Casa Pia (1-4) en la sexta jornada de la Liga Portugal, su primer tanto desde septiembre del año pasado. Santi Giménez, ex del Cruz Azul, abre así un nuevo capítulo en un club en el que han brillado muchos compatriotas suyos, como Héctor Herrera, Miguel Layún o Jesús 'Tecatito' Corona. Este legado mexicano del Oporto llevó al club norteño a inaugurar el pasado agosto una nueva escuela de formación en Ciudad de México, que se suma a la que los blanquiazules ya tenían en Monterrey. Al igual que Giménez, Patricio 'Pato' Salas llegó a Portugal en busca de oportunidades y se incorporó al Famalicão cedido por el Club América. El delantero yucateco se convirtió el curso pasado en un habitual de los azulcremas bajo el mando del técnico brasileño André Jardine, pero en el actual perdió protagonismo con la llegada del uruguayo Guillermo Almada, por lo que puso rumbo a Europa. También el veterano central Néstor Araújo se despidió del Club América hacia Portugal, donde fichó por el Chaves, de la segunda lusa y uno de los principales emblemas de la región septentrional de Trás-os-Montes. A los 35 años, Araujo se incorpora a un nuevo proyecto que tiene inversión mexicana y el objetivo de devolver al Chaves a la máxima categoría. En septiembre de 2025, el Atlético La Paz, de la segunda división de México, adquirió una participación mayoritaria en el club luso, por lo que ambos pasan a estar bajo el paraguas del grupo GLS Promotoría del Deporte, propiedad del empresario Arturo Lomelí, vinculado al sector del tequila. Desde entonces, la Sociedad Anónima Deportiva (SAD, la entidad que gestiona el fútbol profesional) del Chaves pasó a estar dirigida por Dante Elizalde, expresidente del Santos Laguna, el club en el que Néstor Araujo jugó la mayor parte de su carrera. Ya se han producido traspasos entre el Atlético La Paz y el Chaves, con la salida del centrocampista Gilberto García y del defensa Ivo Vásquez de Baja California del Sur hacia Portugal. En sentido contrario, empieza a consolidarse una mayor -aunque todavía reducida- presencia de jugadores y entrenadores portugueses en la élite del fútbol mexicano, encabezada por Paulinho, el goleador estrella del Toluca. El centrocampista Ricardinho está en su segunda temporada en el Juárez, hasta hace poco dirigido por su compatriota Pedro Caixinha, Luís Esteves ha fichado esta campaña por el Atlas y el técnico Renato Paiva ocupa el banquillo del Santos Laguna. La cercanía futbolística entre México y Portugal quedó patente el pasado mes de marzo, cuando la selección portuguesa fue la invitada para enfrentarse a la 'Tri' en un partido amistoso (0-0) que inauguró el recién remodelado Estadio Azteca. Miguel Conceição

InfobaeInfobaeNewsroom Infobae14 sept

La vida es breve, etcétera: adelanto del nuevo libro de relatos de Veronica Raimo

En la escuela primaria tuve una maestra muy devota. Tan devota que se llamaba Devota. Era una mujer pequeñita, con la palidez típica de los católicos convencidos, una tez que se alimenta de las privaciones y el miedo. La maestra Devota nos hacía rezar todas las mañanas antes de clase; insistía en particular en la oración dirigida al Niño Jesús. Era una oración carente de métrica, carente de ritmo y carente de versos memorables. Hoy tengo la sospecha de que se la había inventado ella, pero el caso es que, si busco en Google “oraciones para el Niño Jesús”, no encuentro nada mejor en línea; yo diría que es un espacio de experimentación poco explotado aún. En clase había un niño judío que no quería rezar con nosotros. La maestra Devota intentaba convencerlo todos los días: —Así vas a hacer llorar al Niño Jesús. —Es que yo no creo en el Niño Jesús. —Así vas a hacer llorar también a la Virgen. —Es que tampoco creo en la Virgen. Y así seguían durante un buen rato, hasta que la maestra Devota rezaba a Dios para que lo perdonara y lo eximía del ritual. Él se quedaba sentado en el escritorio con los brazos cruzados, mientras todos los demás rezábamos de pie al Niño Jesús. No sé cuáles serán los efectos psicológicos de una práctica repetida de esa manera durante cinco años, pero son preguntas que nadie se hacía en aquel entonces. La maestra Devota, en su devoción, había instituido otras prácticas, incluida la concesión de premios al final del curso a los niños más destacados. Eran el Premio Italiano, el Premio Matemáticas, el Premio Geografía, el Premio Historia, el Premio Ciencias y el premio más codiciado de todos: el Premio Generosidad. Sobre su escritorio, tenía un frasco para donaciones destinadas a los “huérfanos de la Iglesia”. Nadie sabía exactamente quiénes eran estos huérfanos; para nosotros, eran pequeñas criaturas mitológicas de ojos implorantes y famélicos, recién nacidos abandonados en pañales en la anteiglesia durante un día de tormenta y criados en medio de penurias indescriptibles, niños necesitados de nuestra ayuda, a los que se utilizaba ya fuera como dispositivo automático para generar sentimientos de culpa en una versión doméstica de la lejana Biafra (“No puedes dejarte la tortilla en el plato, piensa en los huérfanos de la Iglesia”), o como incentivo motivacional para despertar nuestra generosidad, un incentivo en clave corporativa, porque el verdadero objetivo era ganar el premio al niño más generoso del año. Durante cuatro años seguidos, gané el Premio Italiano con suma facilidad. El primer año yo era la única de la clase que sabía leer y escribir, y luego viví más o menos de las rentas, entre otras cosas porque nadie estaba particularmente interesado en quitarme esa plusmarca, considerando que el premio consistía en un par de cuadernos a rayas y un boli bic. Los premios de Matemáticas, Historia, Geografía y Ciencias podían presumir de un reparto más heterogéneo de ganadores, pero lo que se disputaban eran cuadernos cuadriculados, atlas y, como mucho, un libro ilustrado de Historia en el que la única perversión era buscar las imágenes de mujeres semidesnudas, o por lo menos un muslo que sobresaliera de un péplum. En cambio, con el Premio Generosidad lo que nos disputábamos eran juguetes de verdad y durante cuatro años solo hubo una ganadora moral y efectiva: Vania Millefoglie. Vania era una niña rubia y muy dulce, como dejaba entrever su estúpido apellido, que la inducía a llevar a clase un milhojas comprado en la pastelería el día de su cumpleaños. La maestra Devota la llamaba “cachorrita” y le acariciaba su melenita suave y lisa al entregarle, al final del curso: En primero de primaria: una barbie. En segundo de primaria: un pequeño pony (falso). En tercero de primaria: un muñeco del Equipo A. En cuarto de primaria: una caja del programa televisivo “El almuerzo está servido”. Vania se sonrojaba puntualmente, daba las gracias y pronunciaba su desgarrador discurso, en el que declaraba ser una niña afortunada y que con mucho gusto donaría el premio a los huérfanos de la Iglesia (especialmente en tercer curso, cuando le tocó el muñeco de “Fénix”). La maestra Devota nos pedía que le diéramos un aplauso y luego, sin dejar de acariciar la cabecita de su cachorrita, la tranquilizaba: —No, Vania, tú ya has hecho mucho por los huérfanos de la Iglesia. Esto es tuyo, te lo has ganado. Ahora, recemos. Vania había logrado hacerse cada año con el Premio Generosidad gracias a que destinaba al tarro para los huérfanos de la Iglesia el dinero suelto que sus padres le daban cada día para comprarle la merienda al sujeto grasiento que nos vendía unas pizzas pequeñas rojas y blancas en el colegio, una contrata quinquenal vagamente sospechosa. Nuestros ojos codiciosos la veían ayunar con una sonrisa de felicidad en los labios. Un día, un compañero de clase decidió desafiar a la maestra Devota: —Maestra, si me enseña a los huérfanos de la Iglesia, le prometo darles mis zapatillas de tenis. La maestra Devota reaccionó poniéndonos al corriente del deplorable escepticismo de santo Tomás. Al día siguiente Vania apareció en clase con un par de zapatillas rosas Superga en la mano: —Maestra, son para los huérfanos de la Iglesia. El gesto nos costó cinco minutos de sentido aplauso. En quinto curso decidí que sería yo quien ganara el premio de los cojones. Por desgracia, mis padres no me daban dinero para comprar una pizza en el colegio, sino que me preparaban ellos mismos un bocadillo. Pero el fondo de los bolsos de mi madre siempre estaba forrado de calderilla, así que empecé a robarle monedas y a dejarlas tintinear ruidosamente en el tarro de ofrendas. En el recreo, me escondía en el váter para comerme mi bocadillo. Una vez terminado el recreo, me volvía hacia Vania, con la sonrisa impregnada de emmental y jamón de York. —Maestra —dijo Vania antes de Navidad—, me gustaría hacer más por los huérfanos de la Iglesia. Al día siguiente, trajo unos suéteres, una manta y un peluche con forma de koala. El niño que se había atrevido a pedir pruebas de la existencia de los huérfanos de la Iglesia nos dijo que se había encontrado a la maestra Devota en el supermercado junto con su hija, y que la niña llevaba uno de los suéteres de Vania, pero como ya se había convertido en santo Tomás, nadie le hizo mucho caso. Yo nunca me había molestado en investigar el estatus ontológico de los huérfanos de la Iglesia: su existencia, para mis propósitos, no me parecía de gran relevancia, como nunca me había parecido fundamental creer en la existencia del Niño Jesús cuando rezaba una oración, o la de Adán y Eva cuando la maestra Devota se prodigaba en extraños azares cognitivos, intentando salvar a la vez la cabra y la col, el árbol del bien y del mal y los Homo sapiens. A fin de cuentas, lo único que quería era ganar el Premio Generosidad. Una tarde, durante las vacaciones de Navidad, mi madre le dijo a Elvira, la señora que venía a limpiar a casa, que estaba muy dolida por su comportamiento. Se había dado cuenta de que le estaba robando dinero del bolso. —A mí, que hasta te he comprado un panetone de marca —añadió, con un deje de rabia que iba a sumarse a su dolor. Elvira protestó con indignación al principio, pero luego poco a poco fue cediendo, mientras mi madre movía la cabeza implacablemente, hasta llegar a un ultimátum: —Si confiesas, te perdono y no te despediré. Así que Elvira admitió ese crimen que no había cometido y yo me sentí fatal. Había asistido al interrogatorio desde el pasillo y sabía que debería haber intervenido, pero no lo hice. El fin justifica los medios, me dije y, dadas las circunstancias, decidí rehabilitar el estatus ontológico de los huérfanos de la Iglesia. Lo hacía por ellos: enfangar a los pobres para dar a los pobres. Pero, en ese momento, me encontré metida en un enorme dilema: ¿debía seguir robando la calderilla y provocar el despido de Elvira, con su indemnización de panetone de marca, o poner fin a los robos y hacer peligrar mi premio? Evalué la situación atentamente. Si mi madre la despedía y contrataba a otra mujer, solo para encontrarse otra vez sin calderilla, ¿encauzaría sus sospechas hacia otra persona? ¿Me expondría a semejante riesgo? Pensé que, si dejaba las cosas como estaban, quedaría claro que Elvira había sido la ladrona y que, afortunadamente, había aprendido la lección y eso. Cosa que mi madre no se cansaba de repetirnos, ni a mí ni a ella. Cuando Elvira nos abandonó, al final, por voluntad propia, se aseguró de robar el dinero directamente del cajón de mi padre. Un fajo de billetes. Mucho respeto. En todo caso, yo seguía teniendo el problema de dónde conseguir más calderilla. La reflexión me provocó dos días de fiebre falsa, porque no podía presentarme en la escuela sin mi óbolo. Luego, al tercer día, llegó la iluminación: ¡el frasco de las donaciones! Me sorprendió que a nadie se le hubiera ocurrido en todos esos años. Volví a clase y esa primera mañana me salté la donación, pero, al final de la tarde, cuando me quedé en el colegio esperando a entrar a la clase de gimnasia artística a la que asistía los jueves por la tarde, regresé a hurtadillas al aula, abrí el armario, saqué el frasco, eché su contenido en un par de medias, guardé el frasco y volví al gimnasio. Al día siguiente, la maestra Devota nos esperaba en clase con su habitual palidez catecúmena, que se había teñido de un tono antracita. El frasco vacío señoreaba el centro del escritorio del profesor, irradiando una sensación de amenaza en el aire. —Alguien ha decidido hacer llorar a los huérfanos de la Iglesia —afirmó la docente—. Pero no dejaremos que se salga con la suya. Esa mañana rezamos durante mucho tiempo al Niño Jesús para que nos señalara el camino, pero también al culpable. El aula vibró con un terror sólido. No tengo idea de cómo debieron de ser esos largos minutos de oración para el niño judío. ¿Sentiría sobre él la acusación silenciosa de la maestra?, ¿su posible transformación en chivo expiatorio? Pero, afortunadamente, nada de eso ocurrió. Parte del dinero de las donaciones se reemplazó con lo que nuestros padres nos habían dado para una excursión al Museo Etnográfico Pigorini. Así que nos quedamos para siempre sin saber todo lo que tenían que decirnos los olmecas y los totonacas. El resto siguió llenándose gracias a los ayunos diarios de Vania y a mis nuevas ofrendas, realizadas con las antiguas ofrendas, según un principio de circularidad kármica que podría haber tendido al infinito. Y, por fin, llegó el día de la entrega de premios, y después de recibir los dos cuadernos y el bic azul habituales, esperaba ansiosamente el anuncio. La maestra Devota jugó la carta del suspense al recordarnos la terrible atrocidad que había ocurrido ese año y nos pidió que reflexionáramos en lo más profundo de nuestro corazón sobre la gravedad del asunto. Luego pronunció el nombre, ese nombre, ese nombre de los cojones: Vania Millefoglie. Partí el bic en dos.

El UniversalEl UniversalVeronica Raimo13 sept