
Un silencio tramposo y terapéutico en el Deportivo
En uno de esos movimientos mediáticos que LaLiga acuerda con las televisiones y en los que lanza el mensaje de que quieren ser accesibles y parecerse a la NBA , los entrenadores tienen ahora un micrófono indiscreto durante los primeros 30 segundos de la pausa de hidratación. La patronal no obliga, pero incentiva con dinero a quien lo acepte. El Dépor dijo sí, pero Hidalgo estuvo callado en ese periodo y luego se le vio locuaz cuando no había derecho a audio. O aceptas o no aceptas o permites o no permites o crees o no crees. Más allá del detalle, la pausa le sentó de maravilla a un Dépor que por entonces ya debía ir perdiendo, pero que se había salvado. Hasta para eso hay que tener estrella. Cambio de estructura en la media, unas directrices para sacar la pelota y un par de gritos. No hubo mejores ajustes ni mejores bofetones virtuales, porque hasta el descanso y casi toda la segunda parte el Dépor fue mejor, por momentos un vendaval. Bajaba la pelota al piso , corría cuando debía, sacaba el esférico mejor y agijoneaba, a pesar de que David Soria se estaba haciendo gigante. Tres ocasiones claras para los blanquiazules antes del intervalo, ninguna entró. Una pena, pero ya era hora de que despertase. Pegarse una siesta en Getafe no suele salir bien, pero se levantó y casi sale redonda. Terrats le recordó de qué va el barro del Coliseum , pero el Dépor no se desvió del camino. Pelota, ambición, portería. El banquillo también le ayudaba, porque no todo el mundo puede sacar de la sombra a futbolistas como Adama o Yeremay . El canario, aún al 50%, es capaz de inventarse un pase delicioso que Aubameyang ya estaba saboreando antes de rematar. Al gabonés le tocó esta vez ser el asesino silencioso, no la sonrisa del gol. Da igual, nunca falla. Un privilegio.
