
El zaragocismo incipiente de Ibai Gómez y la puerta grande o la enfermería del Real Zaragoza
En el estreno de la Liga en casa, el Real Zaragoza había jugado una primera parte realmente mala, sin saber interpretar qué estaba ocurriendo y cómo desactivar la presión del Antequera. De golpe, a la vuelta del descanso, Ibai Gómez introdujo tres cambios. Jokin Gabilondo, Marcos Cuenca y Sergio Escudero se quedaron en la ducha. En el campo entraron Marco Sangalli, Jaume Jardí y Pereira. Fueron los cambios que cambiaron el encuentro. Con mucho sufrimiento, penalti fallado mediante, el premio del gol llegó como consecuencia de la mejoría en el juego. El equipo hiló más pases y fue mucho más vertical, especialmente por la banda derecha con la presencia de Sangalli y la mejor versión de Jaume Jardí. El extremo catalán confirmó su mejoría con un partido soberbio en Torremolinos: casi todo lo bueno lo hizo él. La consecuencia de aquel giro de guion de Ibai Gómez fue el 1-0, gol de Edu Espiau en el minuto 90 y primer triunfo de la temporada. Al encuentro le faltaba poco para finalizar. Mala cosa después de la derrota en el debut en Primera RFEF en Tarragona. El tanto de la victoria fue un desahogo colectivo y también individual. Fue realmente llamativo cómo lo celebró Ibai Gómez: con una rabia desatada y una pasión desbordada. Desde que llegó, el entrenador vasco vive el Real Zaragoza con un enorme entusiasmo, una gran energía, una implicación máxima y un zaragocismo incipiente. La manera en la que se abrazó con Vadillo tras el tanto de Espiau y cómo liberó electricidad en la celebración fueron dos muestras más de su forma de entender este puesto de trabajo en una plaza tan especial. En el banquillo de Torremolinos, su manera de vivir el partido también fue apasionada. Al Real Zaragoza le viene bien contar con un técnico que se va a desvivir por el club al que representa y que va a defender su cargo con todo lo que tiene. Gustavo Poyet, legendario exjugador del club, habló en una entrevista con este diario de cuánto le había llamado la atención el gran entusiasmo con el que el entrendor ejerce el cargo. Este comportamiento tan pasional debería acercarle también a los miles y miles de aficionados a los que representa, más incluso que en Segunda División. Pero lo que sobre todo le ayudará a colarse en las entrañas de los seguidores será que acumule victorias, jugando bien, jugando regular o jugando mal, y lleve al Real Zaragoza de regreso al fútbol profesional. Si lo hace con una alta carga estética en la propuesta que pregona y que persigue, mejor. Si lo hace con un plan más pragmático pero que dé resultados, también. Siempre, siempre, ganando. En el contexto actual, esa es la única forma de conquistar el cariño del zaragocismo.











