El Vasco y su Bricomanía en Valencia
¿Se acuerdan de Bricomanía ? Los entrados en años sabrán de qué hablo. Era ese espacio que se emitía lo fines de semana por la mañana donde, con dos tablas, tres cañas, una cuerda y cuatro herramientas comunes te arreglaban la casa y te daba para construirte un mueble de cocina. Lo presentaba un vasco muy simpaticón que lo difícil lo hacía fácil. Pues es un poco lo que debe hacer este Valencia con Braulio y Aguirre…. Convertir lo difícil en sencillo. De momento al Vasco ya lo tienes. Porque va a ser un reto, no vamos a engañarnos. Reparar este empastre es complicado. No basta con corazón y ganas, hace falta fútbol. La derrota del Valencia ante la Real Sociedad pertenece más a las segundas. Ha sido un partido divertido para el espectador neutral, pero un puñar en el corazón por muchos motivos para el valencianista de a pie. El 2-3 vuelve a dejar al equipo con las manos vacías, pero sobre todo vuelve a dejar esa sensación cada vez más incómoda de que a este Valencia le falta algo que no se puede arreglar únicamente con correr, apretar y ponerle voluntad. Le falta fútbol. Le falta calidad. Le faltan futbolistas capaces de coger el partido cuando el partido se pone feo y decir: ahora mando yo. Porque este equipo lo intentó. Eso nadie lo puede discutir. Hay momentos en los que apretó, en los que mordió, en los que jugó con intensidad y consiguió llevar al rival hacia donde quería. Pero el problema es que esa intensidad no dura todo el partido y, cuando las piernas dejan de llegar o el rival consigue superar esa primera presión, aparece el Valencia que todavía estamos conociendo: un equipo inestable incapaz de defender un balón en el 91 después de levantarse dos veces de la lona. Puedes competir desde el corazón, puedes correr hasta que no quede una gota de gasolina y puedes conseguir que Mestalla se meta en el partido, pero al final siempre llega ese momento en el que alguien tiene que poner el fútbol. Un pase que rompa una línea, una conducción que cambie el ritmo, una decisión diferente, un jugador capaz de inventarse algo donde los demás solo ven un camino cerrado. Y ahí es donde este Valencia tiene un problema serio, porque demasiadas veces parece necesitar hacer un partido perfecto para conseguir algo que otros equipos consiguen simplemente porque tienen más talento o, de una forma más trabajada. Los chavales, mientras tanto, están poniendo la cara en esta reparación extrema. Aarón Mayol, Otorbi y Aimar tiraron del carro con una naturalidad que ilusiona y preocupa al mismo tiempo. Ilusiona porque ahí hay materia prima, personalidad y ganas de comerse el mundo. Preocupa porque no puede ser que los jóvenes sean quienes tengan que sacar al Valencia del agujero cada semana. Está muy bien que aparezcan, que se atrevan y que tengan protagonismo, pero no podemos convertirlos en los salvadores de un equipo que necesita bastante más alrededor. Un proyecto de futuro no consiste en poner toda la responsabilidad sobre los chicos y esperar que ellos solucionen lo que los mayores no están consiguiendo solucionar. Pero al menos, los han puesto, cosa que Corberán no hacía –o no como debía-. Y aquí aparece una de las grandes preguntas que deja este inicio de temporada: ¿se ha fichado realmente lo que necesitaba el Valencia? La respuesta es sencilla: No. Y ahora llega también un Vasco para reparar esto. No es como el vasco de Bricomanía, pero Javier Aguirre dispone de los conocimientos para tratar de arreglar esto. Tendrá que trabajar, probar, equivocarse y encontrar su Valencia. Pero precisamente porque acaba de llegar, también conviene decirlo claro: tiene muchísimo trabajo por delante y poco tiempo para hacerlo. Y Braulio Vázquez, probablemente todavía más, porque el entrenador podrá cambiar posiciones, sistemas y mecanismos, pero hay cosas que solo se pueden arreglar desde la planificación de una plantilla. Adquiriendo buenas herramientas. El problema es que este Valencia tiene demasiadas noches en las que parece un equipo que necesita diez ocasiones para hacer lo que otros hacen con tres. Y cuando además no eres capaz de controlar los partidos durante noventa minutos, cualquier pequeño error se convierte en una montaña. Así es muy difícil construir una temporada tranquila. No estamos ante un Valencia muerto, ni mucho menos. Hay jóvenes aprendices que empujan, hay jugadores que compiten y hay momentos en los que el equipo enseña que puede ser otra cosa. Pero ahora mismo hay más voluntad que fútbol. Más ganas que recursos. Más corazón que calidad. Y con el corazón se puede ganar un partido; para sostener una temporada hace falta bastante más. Aguirre tiene que construir un equipo y Braulio tiene que darle las herramientas para hacerlo. Porque Mestalla puede perdonar muchas cosas, pero no puede acostumbrarse a ver un Valencia que lo intenta todo y al que, sencillamente, no le da. Esperemos que hagan Bricomanía y con dos palos, cuatro cañas y un martillo conforme un equipo digno. ¡Así de fácil amigos!
Sport21 sept