
Vicente Echerri, retratos de la Cuba del exilio
«La identidad no es más que memoria. Somos la suma de nuestros recuerdos , los cuales van definiéndose y concretándonos el carácter. Esos recuerdos se componen del escenario en que ha tenido lugar nuestra vida y de los actores que han intervenido», señala Vicente Echerri (Trinidad, Cuba, 1948) en el prefacio a su última obra publicada ‘Raros testigos’. Precisamente en ella, el escritor cubano ahora afincado en Logroño, realiza un magistral ejercicio de memoria y el recuerdo se convierte en el centro. Con resonancias del Rubén Darío, de ‘Los raros”, donde el poeta nicaragüense reunía semblanzas de autores malditos, marginados, Vicente Echerri agavilla siete retratos de compatriotas, unidos por el exilio —en el que murieron—, revelándonos Echerri que le deslumbraron «con las peripecias de sus curiosas biografías, cuyas confesiones y relatos me enriquecieron sin que ellos llegaran a advertirlo». No son figuras de relumbrón ni brillantes ganadores, sino que su trayectoria estuvo más bien marcada de una u otra forma por la heterodoxia, una cierta extravagancia e incluso el fracaso si se les mira de manera convencional. Algo que no hace Echerri, quien consigue despertar nuestro interés hacia cada uno de los elegidos: Alberto Guigou, Germán Puig, Heberto Padilla , Jorge Oliva, Juan Guerra, Manuel Rodríguez de Bustamante y Adrián Montoro. Descubrimos las complicidades de Echerri con todos, por ejemplo el amor por Jorge Luis Borges , compartido por él y por Heberto Padilla, obligado por la dictadura de Fidel Castro, tras un doloroso cautiverio lleno de torturas, a una humillante autocritica pública, en un sonado caso que supuso la ruptura definitiva de intelectuales de primera, como Mario Vargas Llosa, con el castrismo. Con un estilo preciso y elegante, con su puntito de ironía y humor, Echerri, autor también, entre otros títulos, de los poemarios 'Luz en la piedra', y 'Estancia en los sentidos', los ensayos 'La señal de los tiempos', y 'La tierra y la palabra', los libros de cuentos 'Historias de la otra revolución', y 'Memoria del paraíso', y la novela 'El caballo de ébano', nos regala un libro con su poso de amargura —casi inevitable en el exilio—, pero que no renuncia a un lúcido vitalismo. Y siempre, con Cuba en el corazón.


















