Jardí y una cosa de locos: la crónica del Juventud Torremolinos-Real Zaragoza (3-4)
Ganaba el Real Zaragoza 1-4 en el minuto 80. La goleada, seguramente exagerada, reflejaba al fin la efectividad en el área rival de un conjunto aragonés que afrontaba la recta final sin mayor amenaza que la ausencia de cambios como consecuencia de los problemas físicos de pilares básicos como sus dos centrales titulares. Pero, en tres minutos, el Juventud Torremolinos anotó dos tantos que pusieron un nudo y algo más en la garganta de un zaragocismo que asistía atónito a la transformación de un equipo que pasó a pedir la hora para lograr un triunfo tan valioso como sufrido en el que la figura de Jaume Jardí fue clave. Marcó un gol y medio (el primero se lo dará el acta al portero del Juventud en propia puerta) y dio los otros dos el extremo catalán para firmar una de las actuaciones más brillantes de la temporada. Un lujo. Una bendición. Entre las cuestiones a revisar a pesar del triunfo convendría incluir por qué se está convirtiendo en una costumbre que el Zaragoza afronte los partidos con paso cansino, desganado y con la legaña en el ojo. Costó caro semejante derroche de pereza en Tarragona y cerca estuvo de pasar lo mismo en el estreno en casa ante el Antequera, pero no escarmienta un conjunto aragonés que necesita más trabajo de sus jugadores más adelantados. Insiste una y mil veces Ibai en que su sistema exige presión alta desde arriba del todo, sobre todo en una mediapunta en la que Pau Sans está aportando an poco como arriba Delgado , al que se le sigue concediendo el pertinente periodo de adaptación al medio, pero que se está quedando muy corto en casi todo. Ni llegadas, ni remates, ni duelos ganados ni entusiasmo defensivo y apenas algo de juego de espaldas. Esto acaba de empezar, pero o estos dos jugadores comienzan a ponerse las pilas cuanto antes o Ibai estará obligado a idear alternativas. El caso es que el Juventud Torremolinos sí afrontó el duelo como Dios manda. Energía, intensidad y actitud , tres ingredientes fundamentales en la receta hacia el éxito elaborada por Ibai, para el que la ausencia de alguno de ellos es veneno en vena. Pero la suerte, esta vez, se pondría del lado de los aragoneses, que vieron cómo el árbitro corroboró la discutida decisión del auxiliar de invalidar por supuesto fuera de juego un gol de los locales a los siete minutos de partido. Dioni había mandado a la red un balón franco tras una gran cantada de Westerveld pero la maquinita en cuestión no resolvió las dudas del colegiado, que negó la mayor al Juventud y anuló el gol para respiro del zaragocismo presente en Torremolinos. Sin embargo, el susto no despertó al cuadro visitante, que concedía demasiado en el costado izquierdo de su defensa. Apenas un remate blando de Delgado y otro de Dioni detenidos por los porteros derivaron en el momento clave del choque. La lesión de Nico fue el primer alivio para un Zaragoza que se adelantaría poco después casi sin querer gracias a la determinación del mejor futbolista sobre el maltrecho césped malagueño. Jardí mandó el primer obús de la tarde cerca de la escuadra de Cuenca, que mandó a la red el balón sin querer tras pegar en la madera. El tanto le vino bien al Zaragoza, que pareció resolver el envite con un segundo mamporro directo a la mandíbula del adversario. Jardí mandó un córner a la cabeza de Diego para que el central aumentara la renta, pero un penalti por mano del zaguero en el descuento metió de nuevo en el partido a los locales, que recortaron distancias gracias a la transformación de la la pena máxima por parte de Dioni (1-2). Retiró Ibai en el descanso a Pau para reforzar el centro con Saidu , que ejerció en la mediapunta. Sorprendió tanto el movimiento con la exclusión de Vadillo para dar entrada a Ureña, aunque el Zaragoza, esta vez, afrontó mejor la salida de vestuarios. Delgado peinó fuera por poco un centro del omnipresente Jardí justo antes de que Ander se marchara lesionado para iniciar el carrusel de disgustos que luego se convertiría en el túnel de los horrores. Con media hora por delante, Diego pidió el cambio para meter el miedo en el cuerpo a un zaragocismo que se quedó sin uñas cuando Iranzo tampoco podía seguir. Y eso que Jardí ya había firmado una obra maestra con una falta directa a la escuadra de Cuenca que volvió a abrir brecha. Aún le quedaban polvos mágicos al catalán, que los agotó para asistir a Saidu en lo que parecía la sentencia. Sin embargo, un despiste de Pereira y otra indecisión de Westerveld propiciaron el tanto de Iván que no parecía amenaza suficiente hasta que otra pantomima defensiva del Zaragoza permitió a Rodri marcar el tercero a placer con dos minutos y el descuento por delante. Se mascaba la tragedia. El Zaragoza estaba tan desquiciado como su delegado, Alberto Belsué, que se marchó expulsado, pero resistió como pudo para proteger el triunfo con uñas y dientes mientras seguía preguntándose dónde demonios se ha metido. Juventud Torremolinos : Cuenca; Prevedini, Krug, Grozdanic, Petersson (Diaby, m. 67); Climent (Dorgu, m. 68), Kaptoum, Brandes; Nico (Dominique, m. 28), Dioni y Cristian. Real Zaragoza : Westerveld; Sangalli, Iranzo (Tachi, m. 72), Diego (Barrachina, m. 61), Pereira; Ander Herrera (Terrer, m. 54), Ademo; Jaume Jardí, Pau Sans (Saidu, m. 46), Vadillo (Ureña, m. 46) y Delgado. Goles : 0-1, m. 35, Javi Cuenca (pp); 0-2, m, 38, Diego; 1-2, m. 45+ 9, Dioni (p). 1-3, m. 64, Jardí; 1-4, m. 80, Saidu; 2-4, m. 85, Iván Laka; 3-4, m. 88, Rodri. Árbitro : Joaquín Bejar. Amonestó a Pau Sans, Diego González y Tachi, por el Zaragoza; y a Brandes, Diaby y Rodri, del Juventud Torremolinos. Roja al delegado del Zaragoza Alberto Belsué en el 92.
Sport13 sept