Dos decenas de migrantes denuncian agresiones y vejaciones de militares que patrullan Ceuta
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Primera noticia15 sept, 20:20Dos decenas de migrantes denuncian agresiones y vejaciones de militares que patrullan Ceuta
Una veintena de testimonios recopilados de manera directa por elDiario.es, a los que se suma un centenar de casos detectados por organizaciones sobre el terreno, describen un patrón común por parte de determinados grupos de soldados españoles (especialmente por parte de regulares y legionarios) que actúan con violencia contra los marroquíes llegados a finales de julio a Ceuta, incluidos menores de edad Una patrulla de militares hostiga durante dos horas a voluntarias de una ONG y obstaculiza el reparto de comida a migrantes Patrullas de militares recorren Ceuta en busca de migrantes a los que agreden y roban dinero y teléfonos móviles, según una veintena testimonios de migrantes que denuncian a elDiario.es haber sido víctimas de estas actuaciones. Los relatos recopilados de manera directa por este medio, a los que se suma un centenar de casos detectados por organizaciones sobre el terreno, describen un patrón común por parte de determinados grupos de soldados españoles (especialmente por parte de regulares y legionarios) que actúan con violencia contra los marroquíes llegados a finales de julio, incluidos menores de edad. También denuncian prácticas humillantes, como obligar a raparse el pelo ante la amenaza de devolverles a Marruecos o golpearles en caso de negarse a hacer cualquier cosa que se les ordena con la finalidad de denigrarlos, según los denunciantes. Una de las agresiones denunciadas ocurrió la madrugada del viernes 11 de septiembre. elDiario.es recibió el aviso de una redada de dos patrullas de militares españoles en la barriada de Los Rosales. Un equipo de activistas del colectivo Brigadas de Apoyo Mutuo acababa de llegar a la zona para documentar lo ocurrido. Allí, una decena de legionarios estaba desplegada en distintos puntos de un vecindario. Varios uniformados estaban concentrados junto a una casa en ruinas, donde malvivían desde hacía semanas un grupo de migrantes marroquíes. Al percibir la presencia de voluntarios y periodistas, los soldados comenzaron abandonar ese punto, donde tres migrantes heridos pedían auxilio, y se trasladaron al otro extremo del vecindario, donde otros seis soldados trataban de esconderse de las cámaras. Un grupo de militares se traslada desde el lugar donde los migrantes denuncian que ocurrió la paliza. Algunos no llevan el gorro que identifica a sus unidades, pero uno de ellos sí lleva el chapiri tradicional de los legionarios. En ese mismo momento, tres hombres ceutíes se cubrieron el rostro y, colocados delante de los militares que evacuaban la zona, empezaron a lanzar latas y piedras a los activistas y periodistas que observaban los hechos. Los soldados no recriminaron en ningún momento ni trataron de frenar el intento de agresión de los vecinos encapuchados, sino que aprovecharon ese mismo instante para reagruparse y apartarse. En ese momento, un hombre con una gran brecha en la cabeza y la cara ensangrentada, descendió de lo alto del vecindario, mientras uno de los soldados se dirigía al vehículo militar. “¿Quién te ha hecho eso?”, le preguntó Ibrahim Benavides, vecino y líder comunitario de la barriada de El Príncipe, delante del uniformado. “Los militares”, dijo el hombre, casi sin poder mantenerse en pie, señalando a uno de los soldados, que se metió en el vehículo oficial, recogió a otros compañeros y arrancó. Cuando los militares se retiraron del barrio, un migrante tras otro empiezan a aparecer entre los rincones donde se habían escondido. “Estos militares nos han golpeado y humillado. Nos han quitado los teléfonos y todo lo que teníamos. No han dejado a nadie sin golpear”, dice Adam, uno de los chavales que presenciaron los hechos y, tras recibir un golpe con la defensa de los militares, logró escapar. A su alrededor, una decena de migrantes quieren contar lo sucedido.“Como puedes ver, han abusado de nosotros. Uno de los chicos más golpeados es menor de edad. Se han ensañado con nosotros de la forma más cruel”, añade mientras ese mismo adolescente que menciona, también llamado Adam, toca su labio ensangrentado. Tres jóvenes tuvieron que ser trasladados al hospital al presentar lesiones y heridas de consideración, tras ser recogidos por una ambulancia. Los migrantes con heridas más visibles -otros sufrieron contusiones leves en manos, brazos y pies que no requirieron traslado al centro sanitario- presentaban contusiones en la cabeza, rostro y/o costillas, todas lesiones compatibles con los golpes de las defensas. Especialmente la de Omar (nombre ficticio). De su brecha alargada de unos cuatro centímetros de largo brotaba la sangre que manchaba su cara, cuello y manos. “¿Por qué nos hacen esto? ¿Esto es legal en España?”, se preguntaba el hombre, desconcertado, quien a medida que pasaban los minutos empezó a sentirse mareado y desorientado. A Adam, de 17 años, además de sus labios inflamados y cubiertos de sangre se agarraba la cabeza, que presentaban marcas de un golpe reciente. “Me duele mucho la cabeza. Soy menor. Nos ha dado mucho miedo, estábamos atrapados y se reían de nosotros mientras nos golpeaban”, denunciaba con los ojos enrojecidos, minutos antes de subir en la ambulancia. Uno de los hombres marroquíes que denuncian haber sufrido una paliza por un grupo de militares, entre los que se encontraban legionarios, durante una redada cuando dormían en una casa en ruinas en Ceuta. El lugar exacto de los hechos denunciados, a donde nos acompañó el grupo de migrantes que denuncia la agresión, era la salida de los restos de una casa en ruinas donde pernoctaban los chavales para evitar este tipo de actuaciones, de las que todos los migrantes hablan con miedo en Ceuta. Para acceder al lugar es necesario tumbarse por un estrecho hueco, que da paso a un habitáculo lleno de cascotes, basura y olor a orina. Los migrantes hacían turnos para dormir, no ahí, sino en otra zona por la que también había que acceder a rastras. “Los militares no se metieron aquí. Desde fuera nos dijo uno en árabe que saliésemos. Que si salíamos nosotros no iban a hacernos nada, que solo querían cachearnos. Pero en cuanto salió el primero, agachado, le dieron en la cabeza cuando estaba aún de rodillas. Fue con el que más se ensañaron”, explica el chico que logró correr aterrado hasta esconderse en la casa de un vecino ceutí. Justo en ese punto, el suelo del edificio estaba manchado de sangre, tal y como pudo comprobar elDiario.es . También había varios móviles con la pantalla rota tirados en el suelo. “Nos rompieron los móviles a algunos. A otros nos lo robaron”, denuncia Adam, quien denuncia el robo por parte de militares de 180 euros. “Es un dinero que me dio mi madre para aguantar aquí. Se lo había quitado ella de su comida y su medicina para ayudarme y salir adelante”, añade el chaval, también de 17 años. Parte médico menciona golpes de militares El 8 de septiembre, en torno a las 18:30 horas de la tarde, Hassan (hombre ficticio) descansaba bajo la sombra de su chabola en uno de los asentamientos de migrantes de la ciudad (que no detallamos por riesgo a que pueda ser identificado). elDiario.es había estado hablando con él sobre la situación del campamento, en los alrededores de su tienda, apenas una hora y media antes de que “cinco militares” irrumpieran en el interior de la colorida tienda. Su abrupta entrada le despertó, asegura. “Entraron a mi cabaña, donde duermo cada noche, y me dijeron: ‘¿Quién eres?’. Le dije: Soy un hombre normal. Me preguntaron dónde vivía y por qué hablaba español. Uno de ellos cogió la porra y me dio en la cara”, detalla a elDiario.es , apenas tres horas después de la supuesta actuación de los militares, a las puertas del Hospital de Ceuta. Parte médico de Hassan (nombre fictio) emitido por el Hospital de Ceuta donde recoge que refiere haber sido golpeado por militares en Ceuta. Le cuesta hablar. El lado izquierdo de su rostro está inflamado por un golpe con la defensa que, además de la contusión, le ha roto una muela. Su ojo derecho comenzaba a hincharse entonces y se acabaría de amoratar al día siguiente, cuando este medio volvió a reunirse con él tras su salida del centro sanitario. El informe médico, al que ha accedido elDiario.es , describe sus lesiones y parte de los hechos denunciados: “Paciente que acude refiriendo haber sido agredido por militares con una porra en la cara (región facial izquierda), así como en la pierna derecha y codo derecho”, incluye el documento. elDiario.es acompañó a Hassan al hospital y tomó fotografías de todas las lesiones apenas tres horas después de los hechos, así como un vídeo en el que él mismo denuncia los hechos. Sin embargo, este medio se ha comprometido con el denunciante a no publicarlas mientras se encuentre en la ciudad autónoma, ante su miedo a posibles represalias. El marroquí asegura que los militares querían expulsarle ilegalmente a Marruecos tras la supuesta paliza, pero él escapó. “Me metí corriendo en el mar y, con el agua a la cintura, caminé hasta salir por otro lado y huir”, dice. Sus zapatillas aún estaban mojadas cuando nos encontramos con él tras la agresión. El hombre no ha regresado al asentamiento donde permanecía desde las primeras semanas tras la entrada masiva. “Me da miedo que vuelvan a por mí. No puedo acercarme allí”, explica Hassan, quien lleva una semana compatibilizando las noches en las calles de algunos barrios ceutíes con algunas noches en habitaciones alquiladas gracias al envío de dinero de un familiar. Esta semana, elDiario.es volvió a recibir una llamada suya desde el hospital: “Me ha dado un ataque de pánico. Pasé la noche en la calle y hubo varias redadas de militares cerca de mí. Lo he pasado fatal”. El parte médico, de nuevo, confirma su testimonio. Desde la entrada de migrantes a Ceuta, cuando más de 70.000 personas llegaron a una ciudad de 20 kilómetros cuadrados y 80.000 habitantes, el Gobierno movilizó al Ejército para apoyar las labores de la Guardia Civil y la Policía Nacional en el enclave español. Su presencia es visible en cualquier punto de la ciudad, y algunas patrullas permanecen durante horas fijas en zonas donde realizan una función disuasoria al acceso de migrantes, como en la entrada al centro de la ciudad. Las Fuerzas Armadas no poseen las funciones policiales, de seguridad ciudadana ni de orden público que corresponden a los cuerpos civiles como la Policía o la Guardia Civil, por lo que las actuaciones denunciadas sobrepasarían las que son permitidas por ley. elDiario.es ha preguntado al Ministerio de Defensa por estas denuncias y ha preferido no responder. El Partido Popular ha aprobado en el Senado este martes una iniciativa para instar al Gobierno de España a “otorgar temporalmente la condición de agentes de la autoridad a los militares desplegados en Ceuta” con el objetivo de “reforzar así su capacidad de actuación y su protección jurídica ante la situación que continúa viviendo la ciudad”. Humillaciones Más allá de violencia, los migrantes entrevistados por elDiario.es hablan también de prácticas humillantes y denigrantes. El mismo día de la agresión denunciada por Hassan, tres furgones militares irrumpieron en las naves del Tarajal alrededor de las 18 horas. Sus chapiris y la insignia de sus vehículos confirmaban que eran legionarios. Más de una decena de soldados se desplegaron a lo largo del polígono y comenzaron a cachear a algunos de los migrantes acampados allí. “Estamos buscando a gente con cortes y tatuajes”, dijo un uniformado a elDiario.es , que se acercó rápido a explicar al ver a una periodista en la zona. Una fuente policial explica que las primeras redadas se centraron en un inicio en buscar a personas tatuadas y con heridas cicatrizadas, pues Marruecos envió en un inicio un listado a las fuerzas de seguridad españolas en las que daba información con personas de estas características, que aparentemente serían ciudadanos marroquíes condenados en su país. Dos chavales jóvenes ceutíes señalaban algunos lugares del asentamiento, en lo que parecía una actuación coordinada con estos. Más allá de la retirada de la camiseta a algunos migrantes o el registro de sus enseres personales, los militares que estaban a la vista de esta periodista parecían comportarse de una manera amigable con algunos chavales, especialmente con los niños. Sin embargo, minutos después de su retirada de la zona, varios chavales comenzaron a salir con la cabeza rapada de un punto de las naves más escondido. Algunos se tocaban la cabeza con desconcierto, otros estaban cabizbajos sin entender nada. Un joven marroquí muestra las lesiones que, asegura, fueron provocadas por militares que lo retuvieron ilegalmente al bosque próximo al CETI donde dneuncia que le dieron una paliza con las porras. Abdul (nombre ficticio) era de los segundos y su cabeza no estaba rapada, estaba trasquilada. Encogido, se tocaba la mitad del cuero cabelludo que mantenía su pelo largo, que muchos marroquíes acostumbran a cuidar con esmero. “Han venido los militares y le han dicho al barbero que, o me rapaba, o le echaban a Marruecos. Le ha ordenado que me haga esto”, dice Youssef (nombre ficticio), con el rostro desencajado, a punto de llorar. “¿Por qué hacen eso? ¿Hay alguna razón o solo es divertirse? Quiero justicia”, añadió el chico muy afectado. Poco después, un compañero le peló para igualar el destrozo. Otros dos de los chicos (que este medio había visto con pelo largo antes de la llegada de los militares y se los encontró rapados tras su salida) aseguraron haber sido pelados de manera forzada ante la amenaza de ser expulsados. “O eso o 'fuera, fuera'”, resumían algunos de ellos. En otro punto de Ceuta, en los alrededores del asentamiento del Trampolín, elDiario.es habló con otros dos jóvenes marroquíes que aseguraban haber sido retenidos por militares y, después de ser “rociados con gas pimienta”, ser retenidos en otro punto de la ciudad y obligados a cortar parte de su cabello. “Me engrilletaron, me pegaron con la porra. Llevaban unas tijeras y me cortaron a trozos. Me sentí muy mal”, explica el chico veinteañero, quien días después pudo pedir a uno de los barberos marroquíes repartidos por distintos asentamientos que arreglase su corte de pelo. Uno de esos peluqueros asegura que esta semana fue detenido por militares tras negarse a rapar el cabello de dos amigos menores de edad. Denuncias de palizas en el bosque “Me dijeron que les rapase. Los chicos empezaron a llorar, a pedir que no lo hiciese y me negué. Me cogieron, me metieron en su furgón y me llevaron cerca del CETI, en el bosque. Allí me dieron con la porra en todas partes”, decía el joven. La actitud vacilona de días anteriores había desaparecido. “¿Cómo pueden hacernos esto?”. La espalda de Bilal cubierta de marcas alargadas en su espalda. Un modus operandi similar es el que describe Bilal. El hombre denuncia haber sido retenido por varios militares en los alrededores de la playa del trampolín. Tras ser introducido a la fuerza en un vehículo militar, cuenta, fue trasladado al bosque en el área donde se encuentra el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI). Muestra sus brazos, marcados con señales de cigarros. Su espalda varios moratones alargados, coincidentes con los que habitualmente deja el impacto de las porras en la piel. “No estaba haciendo nada cuando me cogieron”, indica el hombre, cuyo ojo también está amoratado. Su caso htambién a sido denunciado por el colectivo Border Resistance, que ha publicado un vídeo del estado en el que quedó su espalda tras las agresiones. “No es Libia ni es Ceuta. Lo llegaron en coche hasta el bosque donde, según nos contó, le torturaron y lo grabaron”, ha indicado el colectivo en redes sociales. El brazo de Bilal cubierto de quemaduras de cigarro. Madrugada en el hospital Fatima iba a hacer la compra cuando, frente a un supermercado cerca del puerto de Ceuta, escuchó el llanto de un chaval. Cuando miró hacia él, vio a un chaval menudo, encogido, con los ojos rojos y el “brazo desencajado”. Lo acompañaban dos militares que “le acababan de encontrar tirado en el suelo entre quejidos de dolor, según su relato. ”Me acerqué a él y le dije que qué le había pasado. Me dijo que le pegaron los militares. Le pregunté que qué había hecho y los otros soldados, los que le acompañaban, me respondieron con cierta vergüenza que seguro que no había hecho nada, porque había otros militares que ‘ya se estaban pasando’“, explica la mujer, vecina ceutí. Según advirtió a elDiario.es , estos dos uniformados, que aparentemente afeaban las actuaciones de otros compañeros, llevaron al menor al hospital de Ceuta. Dos horas más tarde, este medio encontró al chaval en la sala de espera específica para los migrantes, que el Hospital de Ceuta ubica en el exterior del centro sanitario (mientras que los ceutíes pasan dentro). Dice que tiene 17 años, pero parece menor. Sujetaba el brazo con una mano y decía que le dolía. “¿Han sido los militares?”, preguntamos. “Sí, porra”, dijo. Este medio no pudo hablar más con el niño porque dos guardias de seguridad del centro sanitario ordenaron la salida de la vía que conduce a las Urgencias. Sangre en el lugar donde un grupo de migrantes denuncian haber sido víctimas paliza en una redada de militares el pasado 11 de septiembre. En el trayecto, una mujer comenzó a gritar desde la ventanilla de un vehículo blanco. “¿Donde está el niño que hemos encontrado en la calle? ¡Que han dado una paliza los militares! Que nos lo han dicho otros militares, que os estáis pasando, le han dejado destrozado”, empezó a decir la mujer, la hermana de Fatima. Esta periodista grabó un vídeo de ese momento pero una guardia de seguridad cortó a empujones la grabación y, después de retenerla durante unos minutos y amenazar con llamar a la Policía, elDiario.es decidió borrar las imágenes para continuar trabajando. En cuestión de minutos, otros dos adolescentes marroquíes llegaron a Urgencias cargando a un joven que no podía mantenerse en pie ni apenas la consciencia. “¿Han sido los militares?”, preguntamos. “No, se ha caído”, dijeron en un inicio. Una hora más tarde, los amigos del herido reconocieron que el chico había recibido una “paliza brutal” por parte de militares a las puertas de la casa donde están siendo acogidos. El joven se tuvo que quedar esa noche ingresado, según sus acompañantes. “Nos tratan como animales. Somos menores y no importa. No te hablan, no te dicen nada, solo llegan, buscan si tienen porros y te pegan mucho”, afirmó el chaval. Uno de los denunciantes que denuncia agresiones en una redada de militares el pasado 11 de septiembre enseña su móvil destrozado. El robo de móviles, dinero y enseres personales es otra de las denuncias repetidas en la mayoría de testimonios recogidos por elDiario.es . Algunos migrantes aseguran ser esperados en los alrededores del Carrefour próximo a la playa del Trampolín, en algunas calles poco transitadas, y una vez retenidos ser víctima de golpes o robos de sus teléfonos, dinero o incluso la comida que acaban de comprar. Asad (nombre ficticio) duerme desde hace semanas en el asentamiento informal de migrantes más grande de Ceuta. elDiario.es se lo encuentra corriendo mientras un militar le persigue con la defensa en la mano. Cuando el uniformado ve la presencia de este medio, frena y se da la vuelta. El hombre va descalzo y se queja de que ha tenido que tirar la compra de arroz, huevos y leche que acababa de hacer. “En el asentamiento no nos hacen nada, incluso son simpáticos, porque saben que hay mucha gente. El problema es cuando vamos a comprar, están escondidos en algún punto y te paran para hacer controles. A veces solo te registran y otras te cogen, te esconden en algún sitio y te pegan. Otros han sido expulsados después de ir a comprar”, añade el marroquí. Este medio preguntó a ese mismo agente y él aseguró que solo iba a hacer un control rutinario. Preguntado sobre qué hizo con la bolsa llena de comida, dijo que se la había entregado a otro migrante. Asad se fue cabizbajo y descalzo. Por si acaso, intercambió su camiseta roja con la negra de otro amigo. “Tengo miedo de que ahora vengan a por mí. Ya me pegaron otra vez y estaban a punto de agarrarme”. Si tienes información sobre este u otros casos similares, puedes escribirnos a nuestro correo confidencial pistas@eldiario.es
elDiario.es•Gabriela Sánchez
Más recientehace 15 hTestimonios que han empujado al Gobierno a investigar las denuncias de agresiones militares contra migrantes
Recogemos algunos de los extractos de los testimonios de seis de las decenas de marroquíes que aseguran haber sido víctimas de palizas o tratos vejatorios por parte de soldados españoles en la ciudad autónoma En los escasos 20 kilómetros cuadrados que conforman la ciudad de Ceuta, donde el despliegue del Ejército es visible en cada esquina, se acumulan las denuncias de migrantes que aseguran ser víctimas de agresiones físicas, robos y humillaciones en manos de algunos uniformados. Según los relatos recabados sobre el terreno por elDiario.es, chicos como Mohamed, de 17 años, afirman que los soldados emplearon porras con contundencia contra ellos en plena calle. Otros testimonios reunidos por este medio, como los de Adam, Reda o Sami, hablan de robos de sus escasas pertenencias, burlas y humillaciones. Una veintena de testimonios recabados por elDiario.es, de un listado que está en crecimiento, describen un patrón común entre determinados grupos de militares, cuya motivación, órdenes u organización aún están por aclarar. A continuación, añadimos de manera literal algunos extractos de palabras literales de seis de las decenas de marroquíes que aseguran haber sido víctimas de palizas o tratos vejatorios por parte de soldados españoles en la ciudad autónoma. Mohamed Dos chicos marroquíes caminan hacia el Hospital de Ceuta y casi arrastran a un amigo que, apoyado sobre sus hombros, apenas se tiene en pie. elDiario.es les pregunta entonces si ha sido los militares. Ellos responden que no. “Se ha caído”, explican. Tiempo después, mientras esperan noticias de su compañero tras su ingreso, los chavales se acercan para explicar la verdad: “Fueron los militares. Antes no nos atrevismos a decirlo por si nos escuchaban y nos hacían algo”, dice Mohamed, de 17 años. “Estábamos sentados en la calle, pasando el rato, al lado de la casa de un familiar donde nos quedamos. Un soldado se nos acercó. Llevaba una gorra roja. Se detuvo justo delante de mí. Se quedó allí mismo, en medio de nosotros y nos aporreó. Mi amigo recibió un golpe muy fuerte. Un golpe que habría tumbado a un soldado allí mismo. Se quedó tirado mientras no paraban de aporrearle con fuerza. Él hablaba, luego guardaba silencio, y volvía a hablar. Seguían golpeándolo mientras mi amigo miraba al vacío. Le pegó el mismo hombre que me golpeó con la porra aquí —dice en referencia a su brazo, donde tiene una leve marca—. Le llevamos a casa, y estaba sentado con la mirada perdida. Pensamos que no era nada, pero empezó a vomitar y a tener fiebre. Deliraba y murmuraba para sí mismo. Había recibido un golpe en la cabeza. Le trajimos al hospital pero, pese a que estaba grave, le dejaron allí esperando sentado esperando mucho tiempo -en la sala de espera del hospital, que separa a los ceutíes de los migrantes, a los que deja en el exterior del hospital-. La gente iba de un lado a otro y él seguía allí sentado, desplomándose poco a poco. Al final, le ayudamos a levantarse en la silla. Nadie le hacía casi. Él permanecía allí observando, esperando a que le atendiesen y observando a los soldados que estaban en la entrada del hospital, con miedo. Lo dejamos allí tumbado, temblando y quejádose del dolor del estómago y la cabeza“. Adam Uno de los jóvenes que denuncian ser víctima de una redada militar en Ceuta señala el rastro de sangre dejado por uno de sus compañeros, herido en la cabeza. La madrugada del 11 de septiembre, militares acababan de retirarse del lugar de donde aparecen alrededor de una decena de migrantes que denuncian haber sufrido una paliza o robos por parte de soldados españoles. Tres de los jóvenes marroquíes están visiblemente heridos y acabaron recibiendo atención médica. Adam, de 17 años, logró escapar de los golpes más fuertes, pero resume lo ocurrido: “Estos militares nos han golpeado y humillado. Nos han quitado los teléfonos y todo lo que teníamos. No han dejado a nadie sin golpear. Como puedes ver, han abusado de los chavales. Aquí (entre quienes presentaban heridas de consideración) hay un menor. Se han encarnizado con nsotros de la forma más vil. Cuando empezaron a hacernos eso, tubims miedo y el resto huimos. Los llamamos abusadores. Ellos se reían, ofendiéndonos, como si estuviesen contentos con lo que nos hicieron. ¿Por qué nos hacen esto? No les hemos hecho nada. No tenemos vicios, muchos somos menores. Ente nosotros hay chicos de 15, 16 y 17 años. Nos humillan constantente para decirmos que volverán para hacernos lo mismo. Se llevaban a uno de nosotros y, cuando lo soltaron, venía ensangrentado. No sabemos si el Gobierno español ordena esto. Nos preguntamos por qué nos tratan con tanta crueldad si siempre hemos sido tranquilos. Nos quitaron todo el dinero, el que me enviaba mi mamá para vivir aquí. Ella se lo quitaba de su comida y sus medicinas, porque está enferma y al final nos lo robaron. ¿Qué le voy a decir ahora? Cualquier cosa que le diga le va a preocupar mucho“. Reda (nombre ficticio) En los alrededores del asentamiento de El Trampolín, Reda toca su pelo cuando habla de su miedo a cualquier contacto con militares españoles. Es uno de los migrantes que denuncian, además de haber sido golpeados, haber sufrido una práctica vejatoria que han contado al menos media docena de jóvenes marroquíes que malviven en la ciudad autónoma: ser forzados a raparse la cabeza o, directamente, tener que aceptar que un uniformado utilice unas tijeras para cortar su pelo en trasquilones. “Volvía de (la barriada de) de El Príncipe cuando me interceptaron los soldados; me agarraron y me inmovilizaron los brazos... Fue mejor quedarme callado. Me golpearon en la nuca con una porra. Me llevaron cerca de donde está la prisión. Éramos unas veinte personas, aunque nos dividían. Antes de que los militares arremetieran contra nosotros, tenía el pelo algo largo por la parte de arriba. Unos veinte de ellos me agarraron. Encontraron unas tijeras y cortaron de aquí y de allá solo para burlarse de nosotros, ¿sabes? Me inmovilizaron y estaban grabando un vídeo. Me obligaron a poner la huella del pulgar. Nos golpearon mucho”. Sami (nombre ficticio) Sami es amigo de Reda y denuncia la misma práctica. Enseña foto del pelo largo del que ya carece. “Estaba en un bosque cuando los soldados me atraparon; me golpearon brutalmente y me quitaron todo el dinero y el teléfono. Vine aquí para ganarme la vida y encontrar trabajo, pero esta gente me golpea y me insulta. Siento que no soy un hombre. Me raparon la cabeza. Antes tenía el pelo muy largo.... Me ataron las manos y me golpearon tan fuerte que pensé que iba a morir. Yo seguía con mi rutina diaria. Un día, estaba sentado con mi amigo Saif El-Din —bueno, ambos estábamos allí sentados—. Pasaban muchos soldados; nos hacían preguntas y nosotros respondíamos. Entonces, uno de ellos me miró y dijo: “Tú, ven aquí”. Verás, en aquel entonces todos llevábamos el pelo largo. Nos raparon por completo solo para llevarnos detenidos. Pasaron dos días... transcurrieron dos días. Luego volvieron a donde estábamos. Preguntaron: “¿Vieron a alguien pasar por aquí?”. Les dijimos: “A nadie”. Dijimos: “No”. Les dijimos: “No pasó nadie”. Simplemente nos quedamos allí, en el mismo sitio“. Saif: “Me llevaron a la montaña” En otro punto distinto de la ciudad, Saif no conoce a Sami ni a Reda pero su historia guarda puntos comunes. En su caso y el de su amigo, denuncia haber sido detenido irregularmente junto a su amigo y haber sido trasladado al bosque, donde fue golpeado. Cuando nos lo cuenta, tiene una cicatriz en su cabeza, que requirió varios puntos. Muestra los moratones de su espalda (alargados y coincidentes con el rastro dejado por las porras). Tiene 17 años, según su relato. “Yo estaba en mi rutina diaria. Estaba sentado con mi amigo [en el asentamiento donde vive, que no detallamos por seguridad] y aparecieron muchos soldados. Nos hacían preguntas y nosotros respondíamos. Entonces, uno de ellos me miró y dijo: ”Tú, ven aquí“. Verás, en aquel entonces todos llevábamos el pelo largo. Nos raparon por completo solo porque si no, decían, nos llevarían detenidos. Pasaron dos días y, luego, volvieron a donde estábamos. Preguntaron: ”¿Vieron a alguien pasar por aquí?“. Les dijimos: ”A nadie“. Y respondimos: ”No pasó nadie“. Simplemente nos quedamos allí, en el mismo sitio. Estábamos allí descansando cuando aparecieron. La Policía nos agarró y nos entregó a los militares. Pensamos que intentaban sacarnos de Marruecos, pero nos llevaron montaña arriba. Nos vaciaron los bolsillos y nos quitaron los teléfonos, A mí me quitaron el teléfono y 64 euros, A mi amigo, lo mismo. Nos obligaron a ponernos de rodillas y siguieron golpeándonos; no paraban de golpearnos. Nos obligaron a ponernos de rodillas. No dejaban de golpearnos, nos pegaban una y otra vez, hasta que logré escapar. Él seguía golpeándome. Me dio patadas con su bota, golpeándome en el ojo. Hasta que perdí el conocimiento y me desmayé, pero aun así seguía golpeándome la cabeza. No paraba de pegar. La gente nos miraba. Cuando terminaron, nos empujaron desde lo alto de una montaña hacia unos matorrales espinosos. Nos quedamos allí tirados. Se acercó un traficante; nos vio y gritó, intentando llegar hasta nosotros. Se acercó, nos vio mientras estábamos intentando beber algo, pero luego volvió a bajar y nos dejó allí. Bajamos hasta donde estaba un hombre y pudimos salir de allí.
elDiario.es•Gabriela Sánchez