Después de la ultraderecha, nos queda la IA
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Primera noticia17 sept, 06:59Después de la ultraderecha, nos queda la IA
Las advertencias de algunos gigantes del sector, cual pirómanos pidiendo bomberos, han abierto un debate que ya no es si la IA piensa, sino cómo se gobierna y quién pone límites a lo que puede hacer Recibe Contraoferta en tu correo - Apúntate para que te enviemos cada semana las claves de cómo afecta la economía a tu día a día Quería empezar celebrando que no todo está perdido y que sigue habiendo motivos de esperanza en esta humanidad tras la contención de la ultraderecha en Suecia . Pero otro freno se ha cruzado por el camino, el de la inteligencia artificial. O, mejor dicho, el debate sobre qué hay que hacer con ella. El debate y las preguntas (algunas existenciales) sobre si hay que frenar ciertos desarrollos o no, sobre los peligros que entraña (o no) para nuestras vidas, sobre cómo tiene que regularse y quién tiene que hacerlo, sobre si las advertencias son interesadas… y un largo etcétera. Temo no ser muy original y, aunque no me llevo mal con ella y hablo de vez en cuando con Claude, ChatGPT y Gemini, me ha parecido más prudente no preguntarle. Os aconsejo leer las informaciones y los análisis que hemos ido contando en la última semana en elDiario.es, empezando por los de nuestro especialista de la casa, Carlos del Castillo, que este miércoles ha presentado su nuevo libro, Inteligencia artificial: cartografía de una revolución’ (Editorial Planeta, 2026) a los socios y socias de elDiario.es . O el podcast del día anterior, en el que Juanlu conversa con el periodista sobre el tema del momento. En esta información, contamos por qué el resto del mundo desconfía del plan de Silicon Valley y de Dario Amodei, el CEO de Anthropic, cuyo ensayo abrió la caja de pandora . La ex secretaria de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial, Carme Artigas, advierte que el sector conocía desde hace años sus propios riesgos, pero que llevaba ese mismo tiempo evitando su supervisión. En este artículo explica por qué ahora . El experto Esteve Almirall se pregunta quién gana cuando los dueños de la IA piden que los regulen . Considera que es posible regular la inteligencia artificial, pero que el reto es proteger a la sociedad sin convertir la seguridad en el privilegio comercial de unas pocas empresas. Me tranquiliza que un experto como Cristian Canton, que hoy es el director asociado del Barcelona Supercomputing Center - Centro Nacional de Supercomputación (BSC), y que fue jefe de un departamento de IA en Meta (Instagram, WhatsApp, Facebook), diga que la inteligencia artificial “no nos va a matar a todos”. Me quedo con este destacado: “La IA no piensa. Cuando le das una instrucción, utiliza todo su repertorio de herramientas para alcanzar el objetivo. Si eso implica acceder de forma ilícita a un servidor, lo hará. Por eso es indispensable delimitar con claridad cómo debe ejecutar la tarea y bajo qué límites. Tenemos que guiarla”. El debate, seguramente, no esté en frenar o contener, como si fuera un reactor nuclear, sino en gobernar cómo se despliega. Pero no todo acaba con la IA (nunca mejor dicho). Te animo a que sigas leyendo este boletín y espero que el resto de informaciones y reflexiones te sean útiles o te parezcan interesantes. El dato 24 Son los kilos de comida al año que cada persona tira a la basura en España. Según el Informe de desperdicio alimentario de 2025, del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, el año pasado se tiraron más de 1.129 millones de kilos o litros. Es el equivalente a 24,03 kg (o litros) por persona y año, según los datos desglosados por Agricultura, que indican cambios a lo largo de los últimos ejercicios. La mayor parte se lleva a cabo en los hogares, donde crece el desperdicio de platos preparados, probablemente, por el aumento de sus ventas en los supermercados. “Es un problema económico y moral. Estamos bajando el desperdicio, pero sigue siendo una tasa alta”, apunta el ministro, Luis Planas. El gráfico Bomberos, médicos, maestros, policías… jueces. La actualidad en unos casos (incendios, danas, politización de la justicia) y el descontento de muchos colectivos, en otros (en la sanidad o en la enseñanza), nos ha hecho preguntarnos ¿cuánto cobran los empleados públicos en España? Dar una cifra exacta es complicado. Depende de la administración para la que trabajen —algunos dependen de los ministerios, otros de las comunidades autónomas y también de las corporaciones locales, que establecen sus propios rangos salariales—, de la profesión, sus funciones y responsabilidad, los complementos que reciben, dónde están destinados, si realizan guardias o turnos especiales, su antigüedad… El gráfico es solo un botón de muestra, en esta completísima información , hacemos una radiografía salarial de los más de 3,6 millones de empleados públicos, de los que menos a los que más cobran. Tipos (y tipas) de interés Lawrence Wong, primer ministro de Singapur. Se mantiene. Esta vez, más que evaluar al protagonista, lo utilizo como tema de debate (o provocación). El Gobierno de Singapur ha anunciado hace unos días una subida del 9% de los salarios de los altos cargos ministeriales: el sueldo anual del primer ministro, Lawrence Wong, aumentará en más de un millón de dólares, hasta los 2,8 millones (unos 2,45 millones de euros). Son los sueldos de políticos más altos del mundo. Donald Trump cobra 400.000 dólares por el cargo y Pedro Sánchez, 96.000 euros. Responde a la estrategia a largo plazo para atraer talento y reducir la corrupción, diseñada en las primeras décadas tras la independencia del país. La ciudad-Estado (que es casi una dictadura disfrazada de democracia) argumenta que los bajos salarios hacían que los mejores candidatos rara vez se dedicaran a la política y que, cuando lo hacían, se veían expuestos a la tentación. El sistema aplica un modelo de incentivos y sanciones y funciona bajo una lógica corporativa, con objetivos. La remuneración de los políticos se vincula a los 1.000 ciudadanos con mayores ingresos del país, y una parte sustancial de la remuneración (alrededor del 35%) es un variable vinculado a cuatro métricas que cada una de ellas pesa un 25%: el crecimiento del PIB real, la contención del desempleo y el aumento del ingreso real tanto de la clase media como del 20% de la población con menores recursos. Si a la población singapurense no le va bien económicamente o se destruye empleo, el sueldo final del primer ministro y su gabinete se reduce automáticamente y el variable es cero. Las cifras macroeconómicas parecen avalar el éxito del modelo en cuanto al cumplimiento de los parámetros exactos por los que se evalúa la nómina de sus gobernantes: registra una renta per cápita nominal cercana a los 90.000 dólares (que roza los 140.000 dólares ajustada al poder de compra, duplicando con holgura la media de la OCDE), un crecimiento del PIB real del 4,6% en el primer trimestre y una tasa de desempleo anclada en el 2,0%. No obstante, economistas e historiadores recuerdan que este rendimiento extraordinario no responde únicamente al sistema de objetivos, sino también a factores estructurales diferenciales como su condición de hub fiscal y logístico global, su reducido tamaño geográfico y un marco regulatorio altamente flexible e inmune –claro– a las fricciones partidistas. Si esta estrategia reduce la corrupción es también objeto de un debate abierto: Singapur ocupa el tercer puesto por la cola entre 182 países en un índice , pero Hong Kong, con salarios mucho más bajos, también obtiene buenos resultados. No todo nos parece mal No sé qué relación tienes tú con Amazon. Imagino que de amor-odio, como casi todos. Nos hemos acostumbrado a comprar casi todo por Internet. Muchas cosas que apenas encuentras en cualquier otro lado (y que a veces ni necesitas). Nos facilita la vida y nos la perjudica al mismo tiempo, especialmente por la movilidad, por la contaminación… y por el efecto sobre el comercio tradicional y cómo su transformación (que muchas veces termina en cierre) configura un nuevo paisaje urbano, sobre todo en las ciudades. El año pasado Amazon registró el mayor volumen de entregas rápidas de su historia, con más de 190 millones de envíos completados el mismo día o un día después en España. Casi nada. El repartidor con el paquete de Amazon ( que no es de Amazon ) ya forma parte de nuestra cotidianidad y, sin embargo, no hace tanto. Justo esta semana, el gigante que construyó Jeff Bezos, uno de los hoy todopoderosos oligarcas tecnológicos , ha cumplido 15 años en España. Cuenta la compañía que el punto de partida aquí fue el pedido de un ejemplar del Código Penal y que, en estos tres lustros, ha acumulado una inversión de 25.000 millones de euros, ha alcanzado una plantilla que ronda las 30.000 personas y más de 17.000 pymes venden en su plataforma. La multinacional estadounidense que comenzó vendiendo libros es hoy una de las grandes empresas tecnológicas mundiales, no exenta –tampoco en este caso– de polémica. Las multimillonarias inversiones en centros de datos, especialmente en Aragón, no convencen a todos por igual por el elevado consumo de recursos energéticos. Nos gusta la competencia Estas informaciones de otros medios me han parecido interesantes: ¿Quieres triunfar en un mundo de IA? Estudia antropología. Tanto los estudiantes universitarios como los trabajadores se están dando cuenta de que se necesita un nuevo conjunto de habilidades para un mercado laboral en rápida evolución. (The Wall Street Journal) El gran experimento de libre comercio de Milei . Primero vino la motosierra: el ajuste presupuestario y los recortes. Ahora, de cara a su campaña de reelección, el presidente argentino está apostando por la competencia extranjera, Abandonar décadas de proteccionismo y orientar la economía hacia sectores en los que Argentina tiene ventajas para exportar, especialmente agricultura, energía y minería. El problema es el coste de esa transformación en el corto plazo. La apertura a las importaciones está golpeando especialmente a la industria, la construcción y el comercio: desde finales de 2023 han cerrado unas 3.400 empresas manufactureras y se han perdido más de 240.000 empleos formales, aunque parte se ha compensado con trabajo informal. La inflación ha caído del 289% a comienzos de 2024 al 34% actual. La renta disponible lo ha hecho un 17% desde comienzos de 2023. (Financial Times) Las comunidades autónomas recaudan por partida doble en el impuesto de patrimonio. Las autonomías recibieron en 2024 unos 5.600 millones de euros entre los ingresos del gravamen y una antigua compensación. Todo se remonta a 2008, cuando el Gobierno suprimió el tradicional gravamen sobre la riqueza, pero a la vez diseñó una compensación para que las autonomías no perdieran los ingresos que obtenían con él. El impuesto volvió tres años después, pero esa especie de indemnización se mantuvo sin que nadie reparara en ella. Y ahí sigue. (El País) Cómo los anillos de Oura llegaron a los dedos de millones de personas. Su negocio está en pleno auge, ya que los consumidores buscan tomar las riendas de su salud. Sus fundadores, finlandeses, apostaron en 2013 por qué un anillo permitiría medir con mayor precisión constantes vitales que una pulsera y ampliar el seguimiento más allá del ejercicio. La estrategia ha funcionado: la compañía ha presentado su salida a Bolsa en EEUU con una valoración que podría superar los 16.000 millones de dólares. En los nueve meses hasta junio ingresó 1.200 millones, un 74% más, y, a diferencia de muchas empresas tecnológicas que buscan cotizar, ya es rentable. (The Economist) El coche eléctrico aviva las disputas en los garajes comunitarios. El Estado ha subvencionado hasta ahora con 207 millones de euros más de 146.000 puntos de recarga a particularidades y comunidades, de hasta 20.000 euros. Pero los costes de la instalación, la seguridad y el uso de las zonas comunes provocan dudas y conflictos en las juntas de vecinos. El Tribunal Supremo ha sido claro: la instalación de un punto de recarga privado en una plaza individual no necesita autorización de la junta, solo comunicarse. (El Periódico) Y con esto lo dejo por hoy. Muchas gracias por estar ahí y hasta la próxima semana. ¡Un abrazo!
elDiario.es•Serafí del Arco
Más recientehace 8 hTravesuras de una inteligencia pura y desalmada
La profecía apocalíptica de la inteligencia artificial llegó a la tapa de los diarios. Ayer nomás las advertencias sobre los riesgos de la IA se seguían con bastante indiferencia. El foco estaba puesto en sus promesas de un mundo mejor. Ahora crece la preocupación global de que se rebelen en masa y acaben con la humanidad. Es difícil evaluar la consistencia de esa hipótesis , inmersos como estamos en un ecosistema digital que no comprendemos. Sin embargo, más del 60 por ciento de los estadounidenses siente ese temor, según una encuesta que publicó Político . Tienen sus razones. Tras el comportamiento rebelde y destructivo de enjambres de IA fuera de control, científicos e investigadores de grandes empresas de Silicon Valley renunciaron porque no querían precipitar con su trabajo una eventual extinción humana. Lejos de desmentirlos, muchos de los CEO de esas megaempresas pidieron detener el desarrollo de estos cerebros artificiales debido al mismo temor, y de modo urgente. Por lecturas dispersas, pero más por mi rol de editor de un suplemento que analiza la actualidad, vi cómo voces autorizadas del país y del exterior morigeraron su mirada “optimista” de la tecnología –pero no ingenua- para ir poniendo el acento, cada vez más, en los efectos adversos y los riesgos de la IA en muchos y distintos órdenes, ya que se trata de un fenómeno que alcanza todos los aspectos de la existencia, de los más concretos a los más sutiles. El avance de la IA es silencioso, pero sus efectos afloran cuando aparecen evaluaciones concretas, como las pruebas PISA Ese viraje, apoyado en evidencias, me pareció acertado. Mi reticencia hacia los avances desmedidos de la tecnología es casi congénita, lo admito, fraguada en la lectura temprana y cruzada de los grandes humanistas de la ciencia ficción, como Bradbury y Sturgeon , y las novelas y escritos de Hermann Hesse . No descarto, por eso, que a veces pueda recaer en el prejuicio. Esto, sumado a mi desconocimiento técnico de la cuestión, hizo que en esta columna cada tanto me enfocara más bien en los efectos que estos avances, de las redes sociales a la IA, tienen sobre mi propia experiencia cotidiana ; es decir, en la manera en que han modificado, de a poco y casi imperceptiblemente, mi modo de estar en el mundo. Una crónica en primera persona del involuntario papel de conejillo de indias que me ha tocado en la segunda mitad de mi vida, digamos, en la idea de que, si me pasa a mí, ha de pasarle a otros. Hoy puedo decir que, en el orden personal, el avance tecnológico de los últimos quince o veinte años del cual ahora la IA es punta de lanza ya destruyó en mí algo esencial: mi modo de percibir el tiempo . Y si acaso somos tiempo, como sugiere Borges , la vida digital que nos rige y a la que pertenecemos como el pez al agua ya me quitó una parte de mí que, desde una vana nostalgia, invoco con escaso éxito: aquella capaz de reconocerse en el mero estar, en el simple ser. Vivo más ansioso. Quemo el tiempo, en lugar de habitarlo. También en otros órdenes el daño ya comenzó. El campo de la cultura, por ejemplo . El avance de la IA es silencioso, pero la evidencia de sus efectos aflora cuando aparecen evaluaciones concretas, como las pruebas PISA, que este año reflejaron una menor capacidad de los jóvenes para leer, para comprender información compleja y pensar de modo crítico. Muchos de ellos delegan en la inteligencia artificial las tareas intelectuales y de escritura. El director de las pruebas PISA cuestionó, en una entrevista con The Economist , la forma en que estas tecnologías llegan al aula sin testeos previos y convierten a los alumnos en “maniquíes de prueba”. Esta delegación de tareas, que se ha ido naturalizando, les sustrae a las nuevas generaciones la posibilidad de desarrollar su capacidad de pensar. Y ni hablar de la manipulación emocional que los chatbots ejercen sobre jóvenes y no tanto, al estar diseñados para simular una subjetividad de rasgos humanos. Producto de la razón desencarnada, la inteligencia artificial es una máquina (aunque actúa como un agente), pero una máquina poderosísima que funciona en base a la combinación algorítmica de la suma del conocimiento humano. Inteligencia pura y desalmada, su poder de seducción –bien calibrado desde Silicon Valley– también debilita nuestra voluntad de quitar los ojos de la pantalla y de relacionarnos cara a cara con el otro . La esclavitud consentida que les ofrecemos a los móviles impacta sobre los vínculos entre las personas y también en el que tenemos con nosotros mismos. Lo que se ha ido dañando en la sociedad digital, me parece, es la cultura como ámbito proveedor de sentido y como espacio de encuentro entre las personas. Eso tal vez explique el resquebrajamiento de las instituciones que sostienen a la democracia y el deterioro del diálogo, tanto interpersonal como político. En cuanto a la profecía apocalíptica, no sé. La complejidad de la IA y el futuro me exceden. Pero hay que escuchar las advertencias. Vienen de gente que sabe y que suele atenerse a los hechos. Thomas Friedman , ayer un “optimista”, hoy cifra una esperanza en que Xi Jimping y Trump , que se reúnen el jueves en Washington, acuerden el desarrollo de un sistema global capaz de controlar a la IA en nombre de la supervivencia y la estabilidad de sus países. Y de los nuestros, de paso. ¿Serán capaces de darse la mano en esto, pese a que se trata del factor desequilibrante en su rivalidad geopolítica? Puede que el mundo acabe en fuego o en hielo, como dice el célebre poema de Robert Frost . Esperemos que no se extinga por alguna travesura de una desalmada inteligencia artificial.
La Nación•Héctor M. Guyot