Paco Mas, agricultor valenciano: «En la agricultura hay dinero si hay ganas de trabajar, pero hay que aguantar. Si nadie se queda en el campo, no habrá quien lo salve»
La agricultura española, que representa alrededor del 2,9% del PIB y ocupa más de 23 millones de hectáreas de superficie agraria útil, vive un momento convulso. Entre la burocracia europea, la competencia exterior y la pérdida de relevo generacional, el futuro de este sector es incierto. Pero también hay historias que iluminan ese paisaje. Una de ellas es la de Paco Mas , un valenciano que convirtió una herencia sentimental en una lección sobre el presente y el futuro de la agricultura. El joven creció entre naranjos. Su abuelo Faustino , llegado desde Albacete, mantuvo seis anegadas de tierra porque era lo que le hacía sentirse agricultor, aunque trabajara como funcionario. Para Paco y su hermano, los sábados eran «casi un ritual». «Almuerzo a las nueve y luego tres horas con el abuelo en el campo», recuerda en una entrevista con La Vanguardia. Lo que entonces parecía una simple tradición, «sin darnos cuenta, nos estaba marcando». Faustino falleció de forma inesperada a los 87 años, justo cuando la temporada estaba lista para comenzar. « El trabajo duro del año ya estaba hecho y la naranja estaba perfecta para crecer durante los tres meses siguientes. Era como si él nos hubiese dejado todo preparado», comenta Paco. Aun así, nadie en la familia quería hacerse cargo del campo: «Sus tres hijas siempre habían rechazado esa vida, porque saben las complicaciones que implica: que un mal tiempo te arruine la temporada, lo duro que es el trabajo, la incertidumbre constante... Mis primos nunca habían pisado el campo». Dispuesto a honrar a su abuelo, el joven siguió su legado: «Pensé: 'Esto no se puede perder'. Mi abuelo tenía más amor por la tierra que por muchas otras cosas en la vida. Dejarlo abandonado nos dolía. Por eso, decidí poner en marcha una iniciativa para vender las naranjas que tanto le había costado cultivar. No podía abandonarlo aunque ya no estuviera». Primero intentó encontrar compradores entre los comerciales , pero los precios que le ofrecían no le convencían, por lo que decidió probar algo diferente. Ya tenía experiencia haciendo páginas web y pensó que podía utilizar Internet para acercar directamente la fruta al consumidor. Entonces, creó una página sencilla y publicó un vídeo en TikTok grabado desde el propio campo. No había una gran estrategia empresarial detrás. Simplemente explicó que quería vender directamente las naranjas que había cultivado su abuelo y pidió a quien quisiera apoyar a un agricultor valenciano que comprara. La respuesta fue inmediata. El vídeo alcanzó cerca de 400.000 visualizaciones y, en apenas 48 horas , llegaron unos 800 pedidos . «Yo no sabía ni dónde meterme. Lo gestioné como pude. La gente ya había confiado y pagado, así que tenía que cumplir. Me había metido en algo muy grande sin planificar casi nada», reconoce. La vieja C15 de su abuelo se convirtió entonces en una pieza fundamental de la operación. Con ella hizo «mil viajes» para trasladar la fruta y la familia terminó implicándose en todo el proceso: «Fue un esfuerzo enorme, pero también algo precioso, porque de repente todos estábamos trabajando juntos por algo que nos representaba como familia». La experiencia también le sirvió para descubrir una realidad que hasta entonces desconocía. Vendió el kilo de naranjas a un euro , frente a los aproximadamente 2,50 euros que pagaban los consumidores en el supermercado. Después, llegaron los costes de logística, selección, almacenamiento y empaquetado. Al final, sus ingresos reales quedaron en torno a los 40 céntimos por kilo , una cantidad similar a la que le ofrecían los comerciales. «Pensé que los sobrecostes eran exagerados y me equivoqué», admite. De los 8.000 kilos de naranjas, calcula que finalmente obtuvo unos 1.800 o 1.900 euros. La experiencia con las naranjas no convirtió automáticamente a Paco en agricultor profesional. Actualmente sigue sin dedicarse por completo al campo y reconoce que empezar desde cero resulta complicado. Uno de los problemas que más le preocupa es precisamente el relevo generacional . Buena parte de los conocimientos necesarios para trabajar la tierra se han transmitido tradicionalmente dentro de las familias, pero esa cadena, en su opinión, se está debilitando. « Falta mucho conocimiento que antes se transmitía entre generaciones. Hoy esa sabiduría se está perdiendo y los agricultores mayores están muy desanimados», señala. Paco también habla de los cambios normativos y de las dificultades que afrontan quienes llevan décadas trabajando la tierra. En sus conversaciones con agricultores mayores, asegura que escucha con frecuencia la misma recomendación: «Hijo, déjate el campo». No obstante, afirma también que la agricultura es un trabajo del que, con esfuerzo, se puede vivir y resulta gratificante: «En la agricultura hay dinero si hay ganas de trabajar . Si nadie se queda en el campo, no habrá quien lo salve. Puedes empezar poco a poco y crecer conforme aprendes. Y que hay un orgullo enorme en entregar un producto bueno, que tu familia lo pruebe y diga '¡guau!'. Eso no te lo da ningún otro trabajo». De hecho, aunque advierte de que «los minifundios van a desaparecer y que los grandes terratenientes van a comprarlo todo», insiste en que «también creo que quien aguante tendrá una buena vida en el campo». «La agricultura seguirá siendo necesaria y la calidad española siempre tendrá hueco. Los consumidores no quieren basura. Habrá una transición dura , pero oportunidades también», vaticina. Por ello, su idea es ligar su futuro profesional a este sector: «No quiero ser agricultor de 'ir al campo y mi tiempo no vale dinero'. Quiero ser empresario agrícola : invertir, aprender y crear un modelo que funcione». «Mi plan es sobrevivir y comprar tierras», añade.
ABC•(abc)hace 13 h