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Crítica de ‘Esta soledad’, la ópera prima de Javier Giner: la mejor película española que se presenta en San Sebastián

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    Javier Giner debuta en el cine con 'Esta Soledad', “una película profundamente anticapitalista” sobre precariedad y afectos

    Tras el éxito de 'Yo, adicto', estrena su primer filme en la sección Nuevos Directores del Festival de Cine de San Sebastián. Un austero y emocionante filme protagonizado por Oriol Pla y Marina Salas Oriol Pla, Premio Nacional de Teatro 2026: “Me hace muy feliz que me lo den por hacer el payaso” El cine ha mostrado muchas historias de amor. Algunas acaban bien, otras mal… lo que no suele preguntarse es lo que ocurre después. ¿Cómo se afronta la pérdida? Las pocas que se han parado a mirar a una ruptura lo hacen siempre como una excusa para que el o la protagonista encuentre otro interés romántico, o rehaga su vida de otra forma. Pero la realidad no es así. Las heridas muchas veces se quedan, hacen cicatriz y supuran. Porque la herida de una ruptura sentimental, en el mundo en el que vivimos, esconde algo más profundo. ¿Cómo vamos a querernos si no tenemos donde vivir?, ¿si uno llega reventado de trabajar 12 horas por un sueldo de mierda? Todo eso está en Esta soledad, el debut en la dirección de Javier Giner. Y lo está por ausencia pero presente. La precariedad, la violencia del sistema se masca en esos barrios de Bilbao grises y abandonados. En esas casas con desconchones. Esos carteles rotos. Y, sobre todo, esos dos protagonistas Lorea y Leo que no se ven en todo el filme. La película aborda las heridas sentimentales provocadas por las fracturas de un sistema, y cómo intentan recomponer las piezas con todo a la contra. Para el director, que tras el éxito de la serie Yo, adicto , estrena su primera película en la sección de Nuevos Directores del Festival de San Sebastián, la soledad es una consecuencia de lo que pasa actualmente, de una “desconexión vital que es paradójica cuando estamos más conectados que nunca”. Y pone de ejemplo las ciudades, como ese Bilbao que es un personaje más de su filme, “lugar de encuentro y sin embargo, la gran urbe capitalista cada vez se ha convertido en un lugar donde las soledades son más usuales”. Un contexto en el que la soledad es “una especie de pandemia que atraviesa a varias generaciones y que cada vez se está haciendo más profunda”. Con un Oriol Pla que demuestra que es uno de los grandes actores de nuestra generación (y que acaba de recibir el Premio Nacional de Teatro) y una Marina Salas soberbia, Giner deja claro que aunque no quiso “hacer una película de tesis o una película para dar la chapa acerca de una problemática”, es consciente de que ha hecho “una película profundamente anticapitalista en ese sentido”. “Habla de dos personas que intentan sobrevivir en una vida y en un contexto que se tambalea continuamente, que está formado por estructuras inestables y frustrantes. Mi pregunta es: ¿cómo podemos construir un futuro o amarnos cuando tú no puedes pagar el alquiler o cuando ciertas necesidades básicas del ser humano no están cubiertas y cada vez son más elusivas?”, cuestiona. Tiene la sensación de que nos hemos acostumbrado a la precariedad, a hablar de ella como algo “sistémico”. “Lo damos por hecho y continuamos, pero al final esa precariedad empieza siendo material, pero empapa todos los aspectos de nuestra vida. ¿Cuando tú tienes una inestabilidad laboral, qué tipo de estabilidad de afectos puedes tener? Me interesaba mucho investigar cómo todo eso afecta a la forma que tenemos de amarnos y de vincularnos con el otro”, añade. Aunque estéticamente sea diferente, hay ciertos “tropos” que se repiten respecto a Yo, adicto , y que cree que probablemente vayan a estar en todo lo que haga a partir de ahora. Uno es la familia como estructura originaria que nos condiciona de mil maneras distintas“. Otro es el sistema para hacer ver que la responsabilidad, muchas veces, no es individual. ”Parece que si fracasas es que tú eres un fracaso, ese es el mensaje que lanza ese sistema. Y a lo mejor tú tienes algo que ver en el fracaso, pero la pérdida de esperanza no ocurre en un vacío. La precariedad no la invocamos nosotros, nos viene impuesta“, subraya. ¿Cómo podemos construir un futuro o amarnos cuando tú no puedes pagar el alquiler o cuando ciertas necesidades básicas del ser humano no están cubiertas y cada vez son más elusivas? Javier Giner — Cineasta El Bilbao que muestra no es el de los anuncios de turismo, sino que en su búsqueda de un “realismo absoluto” ha retratado el “industrial decadente que todavía existe”. Protagonistas absolutos porque dónde se desarrolla una historia marca absolutamente cómo se cuenta. “Si tú sitúas esta historia de Leo y Lorea, por poner un ejemplo, en Lavapiés, sería una película completamente distinta. Hay algo que es muy intangible, pero que es como una identidad cultural, afectiva muy propia del País Vasco. Yo en plan de coña le llamo ‘mi película hipervasca’”, dice entre risas. Para este debut ha confiado en dos actores que estaban en Yo, adicto, y que son amigos y cómplices, “dos actores superdotados” que son más su “familia” que simples intérpretes, Marina Salas y Oriol Pla. “Yo esta película la escribo para ellos, buscando cosas que no les he visto hacer y que de repente pensaba hostia, qué guay, vamos a transitar esto. Son dos personas implicadísimas, ultrasensibles y tienen un compromiso y un amor por su oficio tremendo y para mí es un lujo tenerles en mi vida”. La entrevista se realiza poco después que Oriol Pla haya sido reconocido con el Premio Nacional de Teatro, y Giner cree que simplemente “está recogiendo los frutos por lo que es, uno de los actores más superdotados que tenemos en este país. Una bestia y es un maestro de vida”.

    elDiario.eselDiario.es•Javier Zurro
  3. 22 de septiembre
  4. Primera noticia22 sept, 15:36

    Crítica de ‘Esta soledad’, la ópera prima de Javier Giner: la mejor película española que se presenta en San Sebastián

    Conocimos a Javier Giner gracias a la serie Yo, adicto (Disney+), basada en su propio libro y de carácter autobiográfico en el que el creador realizaba un ejercicio de catarsis al contar (a través de su ‘alter ego’, encarnado por Oriol Pla ), su experiencia con las drogas y su posterior proceso de desintoxicación . Se trataba de una ficción descarnada y dolorosa y en eso coincide con su debut en el largometraje, Esta soledad , aunque su estilo sea muy diferente, más despojado y austero, heredero del ‘nuevo cine británico’ y las películas de John Cassavetes , donde se elude cualquier tipo de artificio para ir en busca de un naturalismo sucio que desprende una verdad tan desnuda como arrolladora. La película se presenta en la sección New Directors del Festival de San Sebastián y habla de las consecuencias de una ruptura, de la precariedad que condicionan los vínculos emocionales, del desarraigo, la identidad y las dificultades de salir adelante dentro de un entorno social en crisis. Los caminos solitarios de Leo y Lorea Esta soledad sigue a Leo y Lorea, interpretados por Oriol Pla y Marina Salas , una ‘expareja’ que afronta una separación cuyos motivos apenas se desvelan, pero que deja en ambos una sensación de profunda desolación . Leo trabaja en un supermercado mientras compagina su profesión como actor en talleres y espectáculos. Precisamente, la película se abre con una ‘performance’ de Oriol Pla como ‘clown’ en la que aporta su sabiduría en este registro, un aspecto, el de tener que interpretar un papel mientras se está en el polo opuesto, que vertebra buena parte de la película. Además, Leo se encarga de los cuidados de su padre enfermo hasta su fallecimiento. En ese momento descubrirá que su madre no desapareció de su vida por su propia voluntad, así que iniciará un camino personal para encontrarla. Mientras, Lorea se encuentra sumida en el caos . Se siente una escritora fracasada , tiene un bloqueo emocional que le impide llevar una vida ordenada y se regodea en su tristeza mientras que, de cara a la galería, hace pensar a todo el mundo que está todo bien. Entre las visitas a su madre y la relación de amistad con una presa con la que entablará contacto, tendrá que hacer frente a sus fantasmas. Ambos se encuentran atrapados en sus propios reductos, tanto físicos como emocionales, intentando como pueden buscar una salida a su incapacidad de reaccionar. El descubrimiento de un cineasta indómito Javier Giner demuestra ser un cineasta indómito , alejado de cualquier cliché del cine español contemporáneo, un espíritu libre a contracorriente que explora los vericuetos más profundos del alma humana sin miedo, con pudor, y con espíritu kamikaze. Es una obra lastrada por la melancolía , como esa melodía que Leo entona con su trompeta, repleta de escenarios marginales, de parajes industriales alejados del aburguesamiento que se impone en las producciones actuales. Una obra de raigambre proletaria , en la que se siente la escasez de recursos, ya sea a la hora de atender a un padre necesitado de cuidados o de ahondar en el enigma de la orfandad del personaje de Leo. La identidad es otro de los temas estructurales de Esta soledad , que tiene su origen en la obra teatral Fuga de cuerpos, de María Velasco . Se trata de personajes perdidos que no saben cuál es su lugar en el mundo y que sufren por descubrirlo, ejemplos de una generación perdida con aspiraciones culturales que quedaron por el camino. En Esta soledad importa tanto lo que se dice como lo que no. De hecho, muchas de las escenas más importantes, y también las más hermosas, transcurren sin palabras , como el final, uno de los mejores del cine español reciente, en el que los dos protagonistas coinciden por primera vez en pantalla. Oriol Pla y Marina Salas componen dos personajes memorables , que se quiebran a sí mismos, frágiles hasta la médula, de una intensidad rabiosa por momentos, y de una inseguridad tan fogosa en otras, que los quema por dentro. Una película deslumbrante y sin duda, la ópera prima del año.

    InfobaeInfobae•Beatriz Martínez