Aires de Tánger
Ya lo dijo y escribió George Orwell allá por los treinta cuando estuvo en España: el socialismo de derechas le teme más a la revolución (hoy no existe) que al fascismo (hoy vivito y coleando) Opinión - Operación Mulhacén Recién la victoria socialista de 1982, inapelable e ilusionante, un grupo transnacional de ricos muy poderosos y muy alegres se convocó a un gran sarao en una bodega postinera de Jerez de la Frontera. Entre vinos y danzarinas de Cádiz, dos atractivos muy queridos en el Imperio romano, los asistentes, una fuerza multinacional, se regodearon y festejaron el éxito del nuevo poder en el Estado español. Un hombre francés muy influyente entonces, de la política y el deporte, cuyo nombre omitiré pero tal vez ustedes averigüen, interpeló a otro, andaluz pero criado en Francia y allí crecido personal y profesionalmente, del mundo del toro, que asistía más por francés que por taurino: ¿tú no te has afiliado aún al PSOE? El interpelado, muy de derechas pero en igual medida honesto, contestó: no, soy muy de derechas, no es mi sitio. A lo que el francés de nacimiento respondió: eso da igual, en España unas veces ganará la derecha y ahora, como ves, la izquierda, hay que estar en uno de los dos lados, ahora toca este, te irá bien. Angustiado pensé, esto es como en Córcega, un gobierno y una oposición reversible y simétrica, de suma cero. Siempre dos, u partitu y u contrapartitu, por turnos, solo definidos por su lugar en el poder. Es una pesadilla que me persigue. Es una historia real de la que fui testigo indirecto. Y no solo una historia, una premonición de lo que iba a ocurrir a partir de ese momento. Era el diseño de 1977, que llegaba quizá antes de la cuenta; lo único posible, la derecha de siempre y una izquierda domesticada. Los años siguientes a 1982, lo pusieron claro. La posición sobre la OTAN fue significativa, la izquierda antifranquista se rompió irreparablemente, los que llegaron, a pesar de sus pantalones acampanados y patillas, tenían claro quiénes sobraban, con una poca izquierda era bastante. Cuando le preguntaron a González por Ceuta, algo que no creo que le gustara, salió como pudo, con una leve crítica a Pedro Sánchez, pero sin apenas reproches a Marruecos En Ceuta se ha hecho notar José María Aznar , uno de dos. En realidad no ha dicho nada, solo ha pedido firmeza, quién no, algo que vale para un roto y un descosido. Y una evocación en su haber del islote de Perejil, una acción militar consentida en un territorio ridículamente minúsculo y deshabitado, porque ni siquiera el cabrero que con buena mar lleva allí sus cabras estaba por aquel día. Felipe González, el otro de la dupla, no ha estado en Ceuta, y no se sabe el porqué, ellos que comparten agendas y apariciones estelares de pago. Uno pensaba que llegaría, es su turno. Tal vez, González siga preso de los aires y vapores de los altos de Tánger, en las vecindades del Cabo Espartel o quizá pasee mentalmente por el caserío de Arcila, con una paraíta en Casa Pepe; Arcila, un pueblo marroquí del Protectorado muy de Cádiz, créanme. Cuando le preguntaron a González por Ceuta , algo que no creo que le gustara, salió como pudo, con una leve crítica a Pedro Sánchez, pero sin apenas reproches a Marruecos. No importa la ideología, como en Córcega, solo importa quién esté en el poder o no y si es de los tuyos. La grey socialista, además, siempre ha sido muy de Marruecos y hasta muy de Israel, cuando su dirigencia hoy plateada veraneaba en las playas de Tel Aviv o se ingresaba en retiros espirituales en ciertos kibutz. Una izquierda de la que nunca se fio el PSOE, no son mucho de revoluciones y menos de relaciones internacionales ajetreadas Es verdad que la política exterior socialista es menos imperial y militarista que la de derechas de toda la vida con Marruecos: han leído a Arturo Barea y el Expediente Picasso. Con todo, siempre han sido promarroquíes y lo que eso conlleva, incluida su proximidad a la enorme influencia del cabildo sefardí en el majzén marroquí. La poca izquierda activa que queda siempre les perturbó, pero así y poca, sin ella, el cambio de posición sobre el Sáhara hubiera llegado incluso antes, con González o Rodríguez Zapatero. Una izquierda de la que nunca se fio el PSOE, no son mucho de revoluciones y menos de relaciones internacionales ajetreadas, de ahí la convulsión interna de los filipinos contra Pedro Sánchez y lo que consideran desvaríos exteriores por salirse del guion corso. Felipe, en la misma comparecencia callejera previa a una comida con sus propios y un cura, ha afirmado que no le teme a la extrema derecha española, por otra parte, confesa de fascismo y franquismo. Ni siquiera parece perturbarle ni responder ante el fracaso de su predicada Gran Coalición alemana, con una socialdemocracia arruinada ya antes y ahora herida de muerte tras el éxito de la extrema derecha en Sajonia-Anhalt . Ya lo dijo y escribió George Orwell allá por los treinta cuando estuvo en España: el socialismo de derechas le teme más a la revolución (hoy no existe) que al fascismo (hoy vivito y coleando).
elDiario.es•Javier Aroca13 sept