Los ojos en la frontera, la vida en el Trampolín
Roberto Ruiz Oliva Ceuta, 23 sep (EFE).- Mientras focos, drones y prismáticos de las fuerzas de seguridad miran este miércoles a la frontera que separa España de Marruecos ante el llamamiento a una nueva entrada masiva de migrantes, algo que hasta este mediodía no se había producido, la vida sigue abriéndose paso al otro lado de Ceuta, en la ya conocida playa del Trampolín. En esta zona del litoral que cada verano era frecuentada por familias ceutíes, que ahora la consideran arrebatada, se mantienen unas escenas desde hace semanas que, no por repetidas, restan gravedad y excepcionalidad a uno de los símbolos más visibles de la crisis que sufre la ciudad autónoma desde los pasados 30 y 31 de julio. Centenares de tinglados, tiendas y chabolas hechos con plásticos, telas y restos de todo tipo construyen a pie de playa una arquitectura efímera de infraviviendas que vuelven a levantarse a pesar del progresivo y, para muchos vecinos, lento e insuficiente traslado de migrantes a los distintos centros de acogida temporal habilitados por el Gobierno. Esa constante vuelta a empezar se ha vivido en las últimas horas en el propio 'mercadillo' informal levantado en la playa del Trampolín, donde anoche la Policía Local desmanteló por incumplimiento de la normativa unos puestos de venta ambulante que, a primera hora de esta mañana, ya habían regresado a orillas del mar. Allí, donde los agentes han vuelto a desplegarse este mediodía para intentar meter en cintura la actividad ilegal, sigue siendo posible comprar en mostradores espontáneos y sin ningún tipo de control sanitario pan, galletas o fruta, entre otros alimentos. En este microcosmos de supervivencia las necesidades básicas trascienden la alimentación: un migrante corta el pelo a otro a modo de barbería artesanal y, en un ejercicio de recogimiento en medio de tanta precariedad, hay un espacio cuidadosamente acotado para rezar. 'Un mar de chabolas' La escena en este mar de chabolas, donde la claridad permite esta mañana contemplar la ansiada Península, transcurre como si el tiempo se hubiera estancado en una playa que, a pesar de los traslados, apenas ha dejado de estar repleta de gente. Lejos de disolverse, son muchas las voces que señalan que este enorme asentamiento, como ocurre con el contiguo de Benítez al otro lado de la desalinizadora, está incluso más 'poblado' que en los primeros días. El Trampolín es también el reflejo de cómo el 'problema' parece haberse desplazado hacia el extrarradio desde el centro mismo de Ceuta, donde una relativa normalidad empieza lentamente a ganar terreno. No obstante, bajo esa apariencia de rutina no hay oficina, negocio o calle donde esto que pasa en la ciudad no monopolice prácticamente la conversación pública, con el hartazgo como constante que se repite por una situación que para la mayoría se prolonga ya demasiado. El mejor termómetro de esa incertidumbre y preocupación ciudadana se ha vivido esta misma mañana en las aulas, ya que el miedo a que se repitieran escenas de caos por el llamamiento en redes sociales a una nueva entrada masiva, coincidiendo con la jornada electoral en Marruecos, ha llevado a muchas familias a dejar a sus hijos en casa. De momento no ha habido saltos, ni aproximaciones destacables al vallado, pero la ciudad vigila con recelo su frontera mientras, ya dentro de ella, la vida de quienes lograron cruzarla continúa un día más, otro día más, frente al mar. EFE (Foto) (Vídeo)









