
Pablo Sáenz: kilómetros y colmillo
El Oviedo ha marcado cuatro goles en las cinco primeras jornadas. Dos llevan la firma de Pablo Sáenz. De los dieciséis futbolistas que llegaron al club este verano, ninguno ha dado una respuesta tan inmediata; y no solo entre los fichajes: el extremo del dorsal 20 es el máximo realizador del equipo, por delante de Carlos Domínguez y Dani Calvo, autores de un tanto cada uno. El primero llegó el 29 de agosto en el Carlos Belmonte y valió el 0-1 ante el Albacete, es decir, la primera victoria del curso. El segundo cerró el 0-3 del domingo en José Zorrilla, el resultado más amplio que ha firmado el Oviedo hasta la fecha. Entre medias, dos empates sin goles en el Tartiere y la única derrota, ante el Leganés. Detrás de esos dos tantos hay otra cuenta, menos visible. Las fichas de seguimiento físico de esos cinco partidos suman 44.112 metros recorridos (44,1 kilómetros, a una media de 8.8 por encuentro), de los cuales 3.9 corresponden a distancia a alta velocidad. Su punta máxima del curso, 34,2 kilómetros por hora, está fechada en la primera jornada. El partido del gol de la primera victoria es también el de sus registros más extremos en el apartado de la alta intensidad. En el Carlos Belmonte acumuló 1.004 metros a alta velocidad, su máximo de las cinco jornadas, y 75 desaceleraciones por encima de los 3 metros por segundo, de nuevo su tope. Conviene no forzar la lectura: los datos no dicen que una cosa provocara la otra, y un gol no se explica por un acumulado de noventa minutos. Pero la coincidencia permite contar aquella tarde más allá de la jugada del tanto. Fue el partido en el que más veces tuvo que frenar en seco y el que más metros le exigió a máxima intensidad. "Mostraron mucho interés cuando yo en Granada no disputaba muchos minutos", explicó el jugador el día de su presentación. Aquella frase describe un punto de partida que hoy contrasta con su realidad: 378 minutos en cinco jornadas, más de ochenta y cuatro de cada cien disponibles, además de los dos goles. El calendario quiso que su estreno liguero de azul fuera precisamente ante el Granada. Aquel 15 de agosto no dejó goles, pero sí sus mejores registros de velocidad del curso: los 34,2 kilómetros por hora de punta, 975 metros a alta velocidad y el mayor recuento del indicador de esprints y acciones de alta intensidad de las cinco jornadas. Pero ojo, los propios datos invitan a la prudencia. El partido en el que más terreno cubrió no fue un partido de gol: ante el Leganés recorrió 9.656 metros, su máximo, en la única derrota del equipo. En Valladolid firmó su registro más bajo, 8.282 metros, y volvió a marcar. La conclusión no es que fuera más eficiente en Zorrilla, sino que el rendimiento de un extremo no se mide solo por cuánto corre, sino por dónde y cuándo lo hace, y por lo que sucede después con el balón. Ahí es donde aparece la parte que las cifras no son capaces de explicar. Las cinco jornadas suman 243 aceleraciones y 335 desaceleraciones por encima de los umbrales marcados: cambios de ritmo constantes, arranques y frenadas que en el campo se reparten entre desmarques, ayudas defensivas, presiones y movimientos para ofrecer una salida al compañero. Su ficha oficial añade 14 recuperaciones y diez pases clave. Ninguno de esos números demuestra por sí solo trabajo defensivo: una desaceleración no es una recuperación, y los metros no son un argumento táctico. Pero explican por qué Calero lo mantiene en el once también en los partidos en los que no marca: Sáenz no para de intentarlo constantemente, generando peligro durante todo el partido y poniendo nerviosa a la zaga rival. Eso es precisamente lo que lo destaca como el fichaje más prolífico del curso.







