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Organización · 159 artículos
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Cobertura, página 8

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Kurzweil, experto en IA: "Podremos manipular robots para que naden en nuestra sangre"

Ray Kurzweil es un científico que estuvo al frente de la dirección ingeniera de Google. También es escritor, inventor y un especialista en Ciencias de la Computación e IA. Con el tiempo ha conseguido posicionarse como uno de los rostros más reconocidos del mundo en el ámbito de la tecnología y la Inteligencia Artificial. Además, Kurzweil es conocido por ser un gran futurista.

Mundo DeportivoMundo DeportivoCarlota Garcia13 sept

El mundo se obsesionó con el chocolate Dubái. En realidad fue un anticipo de algo mayor: la "pistachización" de la alimentación

Si solías moverte por TikTok en 2024 (o sigues haciéndolo a día de hoy) seguramente sabrás de sobra qué es "el chocolate Dubái" , las celebérrimas tabletas elaboradas con cacao, kadayif y pistachos. Desde que una influencer las popularizó allá por diciembre de 2023 este dulce creado en los Emiratos Árabes se ha convertido en todo un fenómeno viral, con su legión de imitadores. Incluso ha colapsado supermercados y tensionado el mercado global del pistacho. Hay quien cree que esa fiebre es solo parte de un fenómeno mucho mayor: un proceso de pistachización que ha hecho que este fruto seco se cuele cada vez en más artículos, desde bebidas a aperitivos , cremas o incluso cosméticos . ¿Qué ha pasado? Que Worldpanel by Numerator acaba analizar el mercado para calcular el interés que despierta el pistacho. Es una labor interesante porque llega una búsqueda rápida en Google (o pasearse por cualquier súpermercado) para comprobar que este fruto seco ha dejado de ser un simple aperitivo para colarse en las recetas de postres, cremas, salsas o incluso cosméticos. La humanidad lleva siglos aprovechándose de la gran versatilidad del pistacho (su uso en embutidos y dulces no es nada nuevo), pero es innegable que algo está cambiando en la percepción de este fruto: su producción está aumentando y hay analistas que estiman que su mercado se expandirá durante el próximo lustro (2026-2030) con una tasa de crecimiento anual compuesta del 5,04%. ¿Y qué ha averiguado Wordpanel by Numerator? Que cada vez resulta más fácil encontrarse con productos que incorporan este fruto seco, lo que significa de paso que están aumentando sus oportunidades de negocio. "El sabor pistacho creció en 2025 un 55% en ocasiones de consumo respecto al año anterior", explica la consultora antes de insistir en una idea: "El pistacho no es una moda, sino un patrón de expansión bien documentado". Tan convencida está de ello, que Worldpanel ve probable que en los próximos años este fruto triunfe en nuevos mercados, igual que lo ha hecho en el de los dulces. ¿Cómo se expandirá? La consultora habla de cuatro categorías, a las que asigna diferentes posibilidades de éxito. La más prometedora para el pistacho es la de los snacks salados y las patatas. Según sus cálculos, hay una probabilidad del 56% de que este fruto triunfe en ese mercado dentro de seis o 12 meses. Otro nicho de negocio con una perspectiva interesante es el de las "bebidas funcionales", como las leches vegetales o el "agua de pistacho" . Los técnicos de Worldpanel creen que hay un 41% de probabilidades de éxito en un horizonte de entre 12 y 18 meses.  Si hablamos de salsas y condimentos el porcentaje se sitúa en el 34% a 18-24 meses vista y en el caso de la cosmética y los artículos de cuidado personal se queda en un 22% en un horizonte de 24 a 36 meses. En Xataka El pistacho ha obrado un prodigio inesperado: generar miles de empleos en los campos de Castilla-La Mancha ¿Hay más indicadores? Sí. La consultora no es la única en trazar un futuro de crecimiento para el pistacho. Josep Casas Pérez, CEO de EuroPistachos, insistía hace poco en una entrevista con La Vanguardia que el fruto está situado "en una posición privilegiada dentro de una tendencia de fondo que no es una moda". En su opinión, más allá de modas pasajeras o éxitos virales como el del chocolate Dubái, el pistacho se beneficiará de un "cambio de hábitos de consumo". Hay ciertos indicadores que sugieren que no anda desencaminado. Fortune Business Insights cree que el tamaño del mercado global del pistacho alcanzó los 5.560 millones de dólares en 2025, se situará en 5.840 este año y se disparará a 8.710 en 2034, aunque las previsiones están sujetas a factores ajenos al sector. Por ejemplo, la guerra de Irán, uno de los grandes productores a nivel global, afectó a la cotización del fruto, muy condicionada por la vecería y el clima. ¿Afecta solo a la alimentación? No. Aunque es el escenario más modesto de todos los estudiados por Worldpanel by Numerator, la consultora estima que hay un 22% de probabilidades de que el pistacho triunfe en el sector de la cosmética y el cuidado en un horizonte de dos a tres años. De hecho recuerda que ya se usa aceite de pistacho en algunas fórmulas, aunque limitado al canal especializado. "Tiene pendiente dar el salto al gran consumo", añade. En 2023 Spate, una plataforma de tendencias, detectó que las búsquedas de perfume de pistacho subieron un 68,5% , si bien apreciaba un alza general de las fragancias foodies . En Xataka Andalucía se ha convertido en tierra hostil para el aguacate. Así que una región inesperada le está tomando el relevo: Galicia ¿Por qué es interesante? Porque España lleva tiempo reforzando su peso en el sector del pistacho, dominado sobre todo por Estados Unidos, Turquía e Irán. Los agricultores, sobre todo de Castilla-La Mancha, han ido aumentando poco a poco la superficie que dedican a este cultivo. Las estadísticas del Ministerio de Agricultura reflejan que en la campaña 2024/2025 se superaron las 85.800 hectáreas y la producción subió más de un 70% en solo unos años. Imágenes | Brenan Greene (Unsplash) y Worldpanel by Numerator En Xataka | La fábrica de salsa de tomate que ha logrado el éxito mundial trabajando 70 días al año: "pasamos de facturar 14 a 777 millones de euros" - La noticia El mundo se obsesionó con el chocolate Dubái. En realidad fue un anticipo de algo mayor: la "pistachización" de la alimentación fue publicada originalmente en Xataka por Carlos Prego .

XatakaXatakaCarlos Prego13 sept

Google mapeó el cerebro de una mosca y la comunidad hizo lo que tenía que hacer: entrenarla para jugar a Doom y a Super Mario

Todavía no comprendemos el cerebro humano en su totalidad y es por eso que seguimos estudiando el de otros animales para intentar aplicar lo aprendido en el nuestro. En ese camino, Google acaba de publicar el mapa neuronal más completo hasta la fecha de un cerebro de Drosophila melanogaster , más conocida como 'mosca de la fruta', y la comunidad no ha tardado en aprovechar esos datos a base de bien de la única forma posible. Entrenar ese cerebro digital para jugar al 'Doom' o a 'Super Mario 64'. En corto . El pasado 3 de septiembre, Google actualizó su blog con la publicación del mapa neuronal de una mosca de la fruta adulta. Sacaban pecho de que era el resultado de una década de trabajo por parte del HHMI Janelia Research Campus y Google Research y el resultado de, mediante un modelo de IA, combinar millones de imágenes en dos dimensiones para crear una forma neuronal 3D. En Xataka Tras estudiar a unas moscas, unos científicos han llegado a una conclusión: comer azúcar tras estudiar es buena idea Las imágenes son imponentes y Google detalla que han creado el modelo tomando "fotos" de secciones del cerebro y cuerpo de una mosca, como si la hubieran laminado a modo de pan de molde. La combinación de las imágenes en alta resolución de cada una de las 'rebanadas' y la unión de todos los datos con la IA es lo que ha permitido llegar a este resultado. Esto es como el código fuente del sistema neuronal de la mosca y permite que sepamos que los segmentos azules son las que desempeñan el procesamiento de entradas sensoriales y sabor, por ejemplo. En total , 166.000 neuronas, muy lejos de las decenas de millones de algunos mamíferos o 85.000 millones de un cerebro humano que, como decimos, aún estamos investigando debido a su complejidad. ¿Correrá el Doom? Un meme de Internet es que si algo tiene pantalla, nos preguntamos si podrá ejecutar 'Doom'. Si esa pantalla puede ser una calculadora y la alimentación son cientos de patatas, mejor que mejor . Y aquí la pregunta ha sido similar: ¿podemos entrenar a una mosca para que juegue a 'Doom'? Alex Wormuth, ingeniero de software en Coinbase, anunció poco después de la publicación de Google que se había puesto a trabajar para intentar entrenar el cerebro de la mosca para que jugara al 'Doom'. El código es abierto y el planteamiento es que cada fotograma del juego estimule las neuronas sensoriales del modelo cerebral y que la actividad neuronal se traduzca después en acciones como moverse, disparar y girar. Cada vez que la mosca recibe daño, se envía un estímulo de refuerzo a las neuronas encargadas de la dopamina, imitando el papel que cumple la dopamina en el mundo real como sistema de recompensa y castigo, y así, poco a poco, el modelo cerebral de la mosca va aprendiendo. La mosca streamer . Lo fascinante es que Wormuth ha creado un entorno en el que podemos ver (y esto con muchas comillas) a la mosca jugando al 'Doom' en tiempo real. Lo puedes hacer en este enlace y, al momento de escribir estas líneas, tras más de 7.500 rondas, la mosca sigue siendo una completa inútil. Dispara, se mueve, pero no mata a nadie. 166.000 neuronas desperdiciadas, si me preguntan. Pero claro, el de Wormuth no ha sido el único experimento y otra desarrolladora llamada Jessica Paquette ha puesto a la mosca a jugar al Super Mario 64. También es vergonzosamente mala , pero es divertido. Más allá del meme . Al margen de la broma vital, el asunto tiene un interés científico real. Estos experimentos no demuestran que la mosca sea "inteligente" ni que juegue de forma consciente, pero son una manera vistosa de poner a prueba un mapa cerebral como el que acaba de publicar Google. Simulan cómo respondería ese circuito neuronal real a estímulos visuales artificiales, viendo qué patrones de comportamiento emergen en ese entramado biológico y, de paso, nos entretienen un rato. Falta mucho para tener un cerebro humano mapeado con esta precisión, pero espero que, cuando eso pase, a alguien se le encienda la bombilla y lo primero que haga sea ponerlo a jugar al 'Doom'. Vía | Gigazine En Xataka | Conectar dos neuronas con un cable: el experimento de unos neurocientíficos para realizar un "bypass" entre cerebros - La noticia Google mapeó el cerebro de una mosca y la comunidad hizo lo que tenía que hacer: entrenarla para jugar a Doom y a Super Mario fue publicada originalmente en Xataka por Alejandro Alcolea .

XatakaXatakaAlejandro Alcolea13 sept

La vida es breve, etcétera: adelanto del nuevo libro de relatos de Veronica Raimo

En la escuela primaria tuve una maestra muy devota. Tan devota que se llamaba Devota. Era una mujer pequeñita, con la palidez típica de los católicos convencidos, una tez que se alimenta de las privaciones y el miedo. La maestra Devota nos hacía rezar todas las mañanas antes de clase; insistía en particular en la oración dirigida al Niño Jesús. Era una oración carente de métrica, carente de ritmo y carente de versos memorables. Hoy tengo la sospecha de que se la había inventado ella, pero el caso es que, si busco en Google “oraciones para el Niño Jesús”, no encuentro nada mejor en línea; yo diría que es un espacio de experimentación poco explotado aún. En clase había un niño judío que no quería rezar con nosotros. La maestra Devota intentaba convencerlo todos los días: —Así vas a hacer llorar al Niño Jesús. —Es que yo no creo en el Niño Jesús. —Así vas a hacer llorar también a la Virgen. —Es que tampoco creo en la Virgen. Y así seguían durante un buen rato, hasta que la maestra Devota rezaba a Dios para que lo perdonara y lo eximía del ritual. Él se quedaba sentado en el escritorio con los brazos cruzados, mientras todos los demás rezábamos de pie al Niño Jesús. No sé cuáles serán los efectos psicológicos de una práctica repetida de esa manera durante cinco años, pero son preguntas que nadie se hacía en aquel entonces. La maestra Devota, en su devoción, había instituido otras prácticas, incluida la concesión de premios al final del curso a los niños más destacados. Eran el Premio Italiano, el Premio Matemáticas, el Premio Geografía, el Premio Historia, el Premio Ciencias y el premio más codiciado de todos: el Premio Generosidad. Sobre su escritorio, tenía un frasco para donaciones destinadas a los “huérfanos de la Iglesia”. Nadie sabía exactamente quiénes eran estos huérfanos; para nosotros, eran pequeñas criaturas mitológicas de ojos implorantes y famélicos, recién nacidos abandonados en pañales en la anteiglesia durante un día de tormenta y criados en medio de penurias indescriptibles, niños necesitados de nuestra ayuda, a los que se utilizaba ya fuera como dispositivo automático para generar sentimientos de culpa en una versión doméstica de la lejana Biafra (“No puedes dejarte la tortilla en el plato, piensa en los huérfanos de la Iglesia”), o como incentivo motivacional para despertar nuestra generosidad, un incentivo en clave corporativa, porque el verdadero objetivo era ganar el premio al niño más generoso del año. Durante cuatro años seguidos, gané el Premio Italiano con suma facilidad. El primer año yo era la única de la clase que sabía leer y escribir, y luego viví más o menos de las rentas, entre otras cosas porque nadie estaba particularmente interesado en quitarme esa plusmarca, considerando que el premio consistía en un par de cuadernos a rayas y un boli bic. Los premios de Matemáticas, Historia, Geografía y Ciencias podían presumir de un reparto más heterogéneo de ganadores, pero lo que se disputaban eran cuadernos cuadriculados, atlas y, como mucho, un libro ilustrado de Historia en el que la única perversión era buscar las imágenes de mujeres semidesnudas, o por lo menos un muslo que sobresaliera de un péplum. En cambio, con el Premio Generosidad lo que nos disputábamos eran juguetes de verdad y durante cuatro años solo hubo una ganadora moral y efectiva: Vania Millefoglie. Vania era una niña rubia y muy dulce, como dejaba entrever su estúpido apellido, que la inducía a llevar a clase un milhojas comprado en la pastelería el día de su cumpleaños. La maestra Devota la llamaba “cachorrita” y le acariciaba su melenita suave y lisa al entregarle, al final del curso: En primero de primaria: una barbie. En segundo de primaria: un pequeño pony (falso). En tercero de primaria: un muñeco del Equipo A. En cuarto de primaria: una caja del programa televisivo “El almuerzo está servido”. Vania se sonrojaba puntualmente, daba las gracias y pronunciaba su desgarrador discurso, en el que declaraba ser una niña afortunada y que con mucho gusto donaría el premio a los huérfanos de la Iglesia (especialmente en tercer curso, cuando le tocó el muñeco de “Fénix”). La maestra Devota nos pedía que le diéramos un aplauso y luego, sin dejar de acariciar la cabecita de su cachorrita, la tranquilizaba: —No, Vania, tú ya has hecho mucho por los huérfanos de la Iglesia. Esto es tuyo, te lo has ganado. Ahora, recemos. Vania había logrado hacerse cada año con el Premio Generosidad gracias a que destinaba al tarro para los huérfanos de la Iglesia el dinero suelto que sus padres le daban cada día para comprarle la merienda al sujeto grasiento que nos vendía unas pizzas pequeñas rojas y blancas en el colegio, una contrata quinquenal vagamente sospechosa. Nuestros ojos codiciosos la veían ayunar con una sonrisa de felicidad en los labios. Un día, un compañero de clase decidió desafiar a la maestra Devota: —Maestra, si me enseña a los huérfanos de la Iglesia, le prometo darles mis zapatillas de tenis. La maestra Devota reaccionó poniéndonos al corriente del deplorable escepticismo de santo Tomás. Al día siguiente Vania apareció en clase con un par de zapatillas rosas Superga en la mano: —Maestra, son para los huérfanos de la Iglesia. El gesto nos costó cinco minutos de sentido aplauso. En quinto curso decidí que sería yo quien ganara el premio de los cojones. Por desgracia, mis padres no me daban dinero para comprar una pizza en el colegio, sino que me preparaban ellos mismos un bocadillo. Pero el fondo de los bolsos de mi madre siempre estaba forrado de calderilla, así que empecé a robarle monedas y a dejarlas tintinear ruidosamente en el tarro de ofrendas. En el recreo, me escondía en el váter para comerme mi bocadillo. Una vez terminado el recreo, me volvía hacia Vania, con la sonrisa impregnada de emmental y jamón de York. —Maestra —dijo Vania antes de Navidad—, me gustaría hacer más por los huérfanos de la Iglesia. Al día siguiente, trajo unos suéteres, una manta y un peluche con forma de koala. El niño que se había atrevido a pedir pruebas de la existencia de los huérfanos de la Iglesia nos dijo que se había encontrado a la maestra Devota en el supermercado junto con su hija, y que la niña llevaba uno de los suéteres de Vania, pero como ya se había convertido en santo Tomás, nadie le hizo mucho caso. Yo nunca me había molestado en investigar el estatus ontológico de los huérfanos de la Iglesia: su existencia, para mis propósitos, no me parecía de gran relevancia, como nunca me había parecido fundamental creer en la existencia del Niño Jesús cuando rezaba una oración, o la de Adán y Eva cuando la maestra Devota se prodigaba en extraños azares cognitivos, intentando salvar a la vez la cabra y la col, el árbol del bien y del mal y los Homo sapiens. A fin de cuentas, lo único que quería era ganar el Premio Generosidad. Una tarde, durante las vacaciones de Navidad, mi madre le dijo a Elvira, la señora que venía a limpiar a casa, que estaba muy dolida por su comportamiento. Se había dado cuenta de que le estaba robando dinero del bolso. —A mí, que hasta te he comprado un panetone de marca —añadió, con un deje de rabia que iba a sumarse a su dolor. Elvira protestó con indignación al principio, pero luego poco a poco fue cediendo, mientras mi madre movía la cabeza implacablemente, hasta llegar a un ultimátum: —Si confiesas, te perdono y no te despediré. Así que Elvira admitió ese crimen que no había cometido y yo me sentí fatal. Había asistido al interrogatorio desde el pasillo y sabía que debería haber intervenido, pero no lo hice. El fin justifica los medios, me dije y, dadas las circunstancias, decidí rehabilitar el estatus ontológico de los huérfanos de la Iglesia. Lo hacía por ellos: enfangar a los pobres para dar a los pobres. Pero, en ese momento, me encontré metida en un enorme dilema: ¿debía seguir robando la calderilla y provocar el despido de Elvira, con su indemnización de panetone de marca, o poner fin a los robos y hacer peligrar mi premio? Evalué la situación atentamente. Si mi madre la despedía y contrataba a otra mujer, solo para encontrarse otra vez sin calderilla, ¿encauzaría sus sospechas hacia otra persona? ¿Me expondría a semejante riesgo? Pensé que, si dejaba las cosas como estaban, quedaría claro que Elvira había sido la ladrona y que, afortunadamente, había aprendido la lección y eso. Cosa que mi madre no se cansaba de repetirnos, ni a mí ni a ella. Cuando Elvira nos abandonó, al final, por voluntad propia, se aseguró de robar el dinero directamente del cajón de mi padre. Un fajo de billetes. Mucho respeto. En todo caso, yo seguía teniendo el problema de dónde conseguir más calderilla. La reflexión me provocó dos días de fiebre falsa, porque no podía presentarme en la escuela sin mi óbolo. Luego, al tercer día, llegó la iluminación: ¡el frasco de las donaciones! Me sorprendió que a nadie se le hubiera ocurrido en todos esos años. Volví a clase y esa primera mañana me salté la donación, pero, al final de la tarde, cuando me quedé en el colegio esperando a entrar a la clase de gimnasia artística a la que asistía los jueves por la tarde, regresé a hurtadillas al aula, abrí el armario, saqué el frasco, eché su contenido en un par de medias, guardé el frasco y volví al gimnasio. Al día siguiente, la maestra Devota nos esperaba en clase con su habitual palidez catecúmena, que se había teñido de un tono antracita. El frasco vacío señoreaba el centro del escritorio del profesor, irradiando una sensación de amenaza en el aire. —Alguien ha decidido hacer llorar a los huérfanos de la Iglesia —afirmó la docente—. Pero no dejaremos que se salga con la suya. Esa mañana rezamos durante mucho tiempo al Niño Jesús para que nos señalara el camino, pero también al culpable. El aula vibró con un terror sólido. No tengo idea de cómo debieron de ser esos largos minutos de oración para el niño judío. ¿Sentiría sobre él la acusación silenciosa de la maestra?, ¿su posible transformación en chivo expiatorio? Pero, afortunadamente, nada de eso ocurrió. Parte del dinero de las donaciones se reemplazó con lo que nuestros padres nos habían dado para una excursión al Museo Etnográfico Pigorini. Así que nos quedamos para siempre sin saber todo lo que tenían que decirnos los olmecas y los totonacas. El resto siguió llenándose gracias a los ayunos diarios de Vania y a mis nuevas ofrendas, realizadas con las antiguas ofrendas, según un principio de circularidad kármica que podría haber tendido al infinito. Y, por fin, llegó el día de la entrega de premios, y después de recibir los dos cuadernos y el bic azul habituales, esperaba ansiosamente el anuncio. La maestra Devota jugó la carta del suspense al recordarnos la terrible atrocidad que había ocurrido ese año y nos pidió que reflexionáramos en lo más profundo de nuestro corazón sobre la gravedad del asunto. Luego pronunció el nombre, ese nombre, ese nombre de los cojones: Vania Millefoglie. Partí el bic en dos.

El UniversalEl UniversalVeronica Raimo13 sept

9 usos prácticos del aprendizaje guiado de Gemini para aprender a hacer cualquier cosa

Los asistentes de IA se han convertido en una inestimable ayuda para obtener respuestas a cualquier duda o inquietud que tengamos. Antes, lo que no sabías lo buscabas en Google o similares. Ahora, herramientas como ChatGPT, Gemini o Claude te dan una respuesta más elaborada y, si se lo pides, hasta puede darte una clase […] Seguir leyendo: 9 usos prácticos del aprendizaje guiado de Gemini para aprender a hacer cualquier cosa

HipertextualHipertextualJosé María López13 sept

Ubuntu es la distribución Linux más exitosa, pero hasta ellos tuvieron que cancelar estos ocho proyectos

En el ámbito de los Linux de escritorio, Ubuntu no solo ha sido y es popular: sigue siendo una de las distribuciones más influyentes del mundo . Simplificó las instalaciones, normalizó los lanzamientos regulares, mejoró drásticamente el soporte de hardware y lleva años siendo la principal puerta de entrada de millones de personas al ecosistema Linux. Precisamente por ese éxito, Canonical nunca se conformó con mantener el statu quo . Bajo el liderazgo de Mark Shuttleworth, la compañía ha apostado constantemente por ir más allá del PC tradicional , romper la fragmentación entre dispositivos y construir una experiencia unificada, abierta y competitiva frente a los grandes ecosistemas propietarios. Pero lo cierto es que muchos de sus intentos no llegaron a consolidarse, no por falta de ideas o talento, sino en muchos casos porque la ambición superó los límites económicos y del mercado del momento . Eso le ha llevado a acumular una cartera de 'proyectos cancelados' que, proporcionalmente, rivaliza con la de Google. Unity: el escritorio que dividió a la comunidad En 2011, Canonical tomó una decisión radical: abandonar GNOME como entorno por defecto y apostar por Unity , un escritorio propio diseñado desde cero para funcionar tanto con ratón como con pantallas táctiles. Así, Unity introdujo ideas adelantadas a su tiempo: Un lanzador lateral persistente . El Dash como centro de búsqueda unificada. Lentes y scopes capaces de mezclar resultados locales y online. Pero Unity también generó una fractura histórica en la comunidad Linux. Muchos usuarios rechazaron el cambio, mientras otros lo defendían viéndolo como una evolución necesaria. El problema real llegó cuando Unity dejó de ser solo un escritorio y pasó a ser la pieza central de un proyecto mucho mayor: la convergencia (ver siguiente sección). Así, cuando la convergencia se canceló, Unity 8 (que estaba destinado a ser la base de ese proyecto) siguió el mismo camino, y Canonical ya había perdido un tiempo precioso (y gastado demasiado presupuesto) como para desarrollar una interfaz actualizada diferente. Finalmente, Canonical anunció en 2017 el fin de Unity como escritorio principal, regresando a GNOME en Ubuntu 17.10 . Unity no murió por falta de ideas, sino por falta de viabilidad a largo plazo . En Genbeta Un programador de 12 años devuelve la vida al escritorio Unity de Ubuntu con su primera actualización relevante desde 2016 La convergencia: el sueño que nunca llegó Hablemos con más detalle de esa famosa 'convergencia', la que en su momento fuera gran apuesta estratégica de Ubuntu: un único sistema operativo capaz de adaptarse automáticamente a móviles, tablets y ordenadores. Conectar el teléfono a una pantalla y obtener un PC completo. Sobre el papel, era una idea genial . Incluso hoy, existen conceptos similares (como Samsung DeX), pero Ubuntu fue la pionera . Sin embargo, el coste fue enorme: Desarrollo simultáneo de escritorio, móvil y tablet. Falta de aplicaciones nativas. Dependencia de fabricantes de hardware reticentes. En 2017, Canonical reconoció la derrota y canceló oficialmente el proyecto. Para muchos usuarios, no fue solo el fin de una tecnología, sino la muerte del último gran intento de crear un ecosistema abierto alternativo a los gigantes gigantes privativos. Ubuntu Touch y Ubuntu Phone: llegar tarde al mercado móvil Antes incluso de apostar por la convergencia total, Canonical lanzó Ubuntu Touch , un sistema operativo móvil basado en gestos y pensado para integrarse con el escritorio. Incluso llegaron al mercado algunos dispositivos comerciales (como el BQ Aquaris ) y la compañía estaba preparando el lanzamiento de su propio dispositivo Ubuntu Phone . Pero el problema quedó rápidamente claro: Ecosistema de aplicaciones era casi inexistente. El rendimiento limitado. Llegaba tarde a un mercado ya dominado por Android e iOS. Aunque el concepto era atractivo y la interfaz innovadora, Ubuntu Touch nunca logró despegar y los Ubuntu Phone nunca vieron la luz. Canonical abandonó el proyecto, que hoy sobrevive gracias a la comunidad (UBports), ya fuera del paraguas oficial de la compañía. Ubuntu Edge: el fracaso más exitoso En 2013, Canonical lanzó una campaña de crowdfunding histórica para financiar el Ubuntu Edge , un smartphone de gama alta pensado como dispositivo convergente total: ahí donde BQ Aquaris y los Ubuntu Phone ejecutaban Touch únicamente en modo móvil, Edge habría podido conectarse a un monitor de PC y convertirse en un dispositivo de escritorio. El resultado fue paradójico: la campaña recaudó más de 12 millones de dólares , que no era poca cosa, pero no alcanzó su objetivo, establecido en los 32 millones. De modo que el dispositivo jamás se fabricó. Ubuntu Edge se convirtió en el mayor fracaso exitoso de la historia del crowdfunding tecnológico . Demostró interés real, pero también que competir contra Apple y Google requería recursos descomunales de los que Canonical sencillamente carecía. En Xataka Microsoft perdió la guerra de los móviles. Es el momento de relanzar Windows Phone con la IA como excusa Ubuntu One: la nube antes de que fuera moda Antes de que iCloud, Google Drive o OneDrive dominaran el mercado, Canonical lanzó Ubuntu One , un sistema integrado de almacenamiento en la nube, sincronización de archivos, y de compra y reproducción de música en streaming. El servicio ofrecía 5 GB gratuitos, pero el modelo de negocio no resistió la competencia de gigantes con mayor músculo financiero . Canonical cerró la mayoría de sus funciones en 2014 para reenfocar recursos hacia la convergencia... que irónicamente también acabaría en el mismo cubo de la basura de proyectos . Mir: el servidor gráfico que se quedó sin espacio Para no depender del histórico X11 ni de Wayland , Canonical desarrolló Mir , su propio servidor gráfico (el software encargado de gestionar las ventanas, la entrada de usuario y la composición de la imagen final en pantalla). Así, Mir debía ser la base técnica de Unity 8 y la convergencia. El problema fue estratégico: Wayland ya estaba siendo adoptado por GNOME y KDE, mientras que Mir aislaba a Ubuntu del resto del ecosistema Linux, lo que a su vez hacía del mantenimiento algo costoso y poco rentable. Mir no desapareció del todo, pero murió como servidor gráfico de escritorio , quedando relegado a usos específicos en el campo del Internet de las Cosas (dispositivos en modo quisco e interfaces técnicas industriales). En Xataka Canonical lanza una versión de Ubuntu para la Internet de las Cosas Wubi: cancelado por exitoso Wubi fue uno de los proyectos más discretos y, al mismo tiempo, más influyentes de Ubuntu. Permitía instalar la distribución desde dentro de Windows sin modificar particiones ni asumir riesgos para el sistema ya instalado, reduciendo drásticamente la barrera de entrada para nuevos usuarios . Durante años, fue la primera toma de contacto con Linux para miles de personas. Su abandono no respondió a un fracaso de su misión, sino a la evolución natural del ecosistema: cambios profundos en Windows, la llegada de UEFI, la mejora de los instaladores tradicionales y la aparición de alternativas como máquinas virtuales o el subsistema Linux de Windows hicieron que Wubi dejara de ser necesario. En ese sentido, Wubi no fracasó : cumplió su función y desapareció cuando el problema que resolvía dejó de existir. Imagen | Marcos Merino mediante IA En Genbeta | Quiero empezar a usar Linux: guía todo lo que debes saber y primeros pasos - La noticia Ubuntu es la distribución Linux más exitosa, pero hasta ellos tuvieron que cancelar estos ocho proyectos fue publicada originalmente en Genbeta por Marcos Merino .

GenbetaGenbetaMarcos Merino28 dic 2025