
Archie McDonald brinda el título de la Harley Cup a su hermano Toby, que se suicidó al inicio del campeonato
No es un campeonato normal. No es una fórmula de promoción cualquiera. No son unas motos de carreras convencionales. No, no, las Harley Davidson de la Bagger World Cup , competición que forma parte del amplio programa del fin de semana de un gran premio , son motos veloces, pero parecen motos de mensajeros, con sus maletas colgadas a los lados de la rueda trasera. Corren un montón, protagonizan adelantamientos increíbles, muy vistosos, son tremendamente divertidas y tienen la originalidad de ser motos casi de calle. Parecen Harleys tuneadas , pero son auténticas motos de carreras, pilotadas por campeones como Andrea Iannone , Eric Granados , Jordi Torres u Óscar Gutiérrez . Repito, no es un campeonato común, tanto que ha tenido, al final, un campeón brillantísimo, que ha ganado dos de las 12 carreras que se han celebrado, por partida doble, en EEUU, Italia, Países Bajos, Gran Bretaña, Aragón y Austria , y que se ha subido siete veces al podio y terminado proclamándose brillante campeón. El campeón es el joven australiano Archie McDonald, de 20 años y una historia terrible, estremecedora, a sus espaldas. Archie es uno de los supervivientes de una tragedia familiar, drama que se produjo justo al arrancar el campeonato de las Harley Davidson , nada más regresar de EEUU de ganar la prueba inaugural del certamen mundialista. Archie regresó a Australia y, a los pocos días, su hermano Toby , que este viernes cumpliría 23 años, se suicidó. No cuenta ni le pido que me explique cómo, ni dónde, ni por qué. No nos interesa. Image ID: 134579990 Archie McDonald se ducha con cava en el podio de Spielberg (Austria). EL PERIÓDICO /clip/1671198b-f10e-404c-9575-090e520d9eb8_source-aspect-ratio_default_0_x475y190.jpg 951 572 “No encuentro palabras para describir lo que fue aquello y lo que fueron los días siguientes a aquella tragedia”, comenta Archie, en el ‘box’ de su equipo, en Spielberg, mientras, a sus espaldas, Scott y Miranda , sus padres, que han volado directamente desde Australia para ver coronarse rey de las Harley a su hijo, celebran, con enorme discreción, casi al margen de la fiesta de sus mecánicos y técnicos, la conquista de tan preciado título. “No tenía respuestas para tantas preguntas, me encerré en mí mismo, no sabía ni qué pensar ni qué hacer. Mis padres se quedaron totalmente bloqueados, al igual que mi hermana Tabitha . Es imposible describir qué siente uno cuando uno de tus seres más queridos, cuando una vida se interrumpe así, delante de ti, sin que puedas evitarlo”, explica Archie, con enorme serenidad y la voz entrecortada. Archie McDonald, ganador de la Harley Cup, en Austria, huyó de Australia tras el suicidio de su hermano Toby, se refugió en Mallorca bajo la tutela de Ángel Poyatos y ha terminado convertido en todo un campeón. Archie habla algo de castellano. Bueno, algo no, bastante. Y quiere expresarse en castellano, cosa que le agradezco. Archie es un encanto, un portento de simpatía y generosidad, tremendamente desprendido con sus sentimientos. “Tomé una decisión que le dolió a mi familia, pero que, ahora, una vez conquistado el título y cumplido mi sueño, bueno, el sueño de todos, no me arrepiento en absoluto”. ¿Qué hizo? A los pocos días y viendo que aquel dolor estaba consumiendo a toda la familia, a todos los suyos, hizo la maleta, cogió el casco y sus guantes y se vino a España, concretamente a Mallorca. Allí, bajo la protección, el cariño, los mimos y la tutoría de Ángel Poyatos , un caballero que ayuda en la isla a un montón de pilotos , empezó a reconstruir, más que su carrera, su vida. “Ángel lo ha sido todo para mí, todo. Bueno, Ángel y Palma, Mallorca, España. Me pasé un mes entero, entero, sin hablar con mis padres. Ellos necesitaban ayuda, pero una ayuda que yo no podía proporcionarles y lo que yo necesitaba, tampoco estaba en sus manos. Ahora que hemos conseguido nuestro sueño, ahora que todos tenemos el título que perseguíamos y queríamos dedicar a Toby, podemos reconstruir nuestra vida en Australia”, comenta Archie, asomado al quicio de la carpa de su simpático equipo en Spielberg (Austria) . “Solo tenemos una vida, señor, solo una y Toby la perdió. Así que yo solo tenía una vida para lograr mi sueño y dedicárselo a Toby. Lo he conseguido. Medio título es de Toby y para Toby. De alguna manera tengo un puntito de felicidad enorme”. Archie McDonald Piloto australiano primer ganador de la Harley Davidson Cup Cuando le comentas que cualquier otro joven, por fuerte que fuese y por más apoyo que tuviese de su familia, hubiera abandonado las carreras, el campeonato, su sueño, Archie te observa con ojos chispeantes y te suelta: “Puede que otros renunciasen, sí, pero la muerte de Toby me dio fuerzas, me ha ayudado mucho a pelear por este título. Lo vi muerto y pensé que debía dedicarle mi sueño”. Y, entonces, mientras Tabitha y Scott pasan por detrás suyo, acarician su corta melena rubia y frotan su espalda con manos paternalistas, Archie añade: “Solo tenemos una vida, señor, solo tenemos una vida, solo una y Toby la perdió. Así que yo solo tenía una vida para conseguir mi sueño y dedicárselo a él, solo una. Lo he conseguido. Medio título es de Toby y para Toby. De alguna manera tengo un puntito de felicidad enorme. Lo hemos logrado juntos”. Image ID: 134579958 Archie McDonald, feliz, entre sus padres, Scott y Miranda. EL PERIÓDICO /clip/a9e086e9-edd7-46e8-b390-773fd758a10d_source-aspect-ratio_default_0_x586y223.jpg 1172 669 Me despido de Archie con un abrazo tremendo, muy sentido como ustedes pueden imaginar, y él me lo agradece apretándome tanto, tanto, que da la sensación, en efecto, que necesitaba ese abrazo. Y, sí, al día siguiente, este lunes, tuve la prueba de que aquel abrazo, que fue, repito, el agradecimiento a alguien que te había regalado una historia enternecedora, fue de lo más sentido. ¿Por qué digo esto?, porque cuando estaba sentado en el asiento 11C del vuelo Ryanair-488, Viena-Palma , un muchacho, con gorra y la capucha de su chándal cubriéndole totalmente la cabeza, me pidió paso para sentarse en el asiento 11B, en mitad del pasillo. A los dos minutos, se quitó la capucha y la gorra, me dio un cariñoso codazo y me dijo: “Perdón, señor, ¿usted es el del abrazo, verdad?” Verdad, Archie, verdad. “Ya ve, yo también regreso a Palma” .


















